Aprender de la derrota

Enseñar a los pequeños a tomar la derrota como un aprendizaje y a enfrentarla es también parte de nuestra labor como padres.
Aprender de la derrota
Foto: J. Emilio Flores / La Opinión

La historia está llena de frases e historias de personas triunfadoras, pocos en cambio son los que se ocupan de ventilar las derrotas, pues éstas son vistas como algo 100% negativo que más vale la pena dejar en el olvido lo más pronto posible para no revivir la vergüenza y los reproches que con ella vinieron.

Pero olvidamos que perder es también un aprendizaje y en muchos casos la antesala de la victoria, esto explica por qué a partir de ella pueden abrirse dos caminos: uno, en el que las personas jamás se recuperan y dejan súbitamente de luchar por todo, anteponiendo la idea de que no hay que esforzarse si ganar es para unos cuantos o por el otro lado quienes al obtener el éxito esperado reaccionan como si hubieran enloquecido y piensan que por su logro, el mundo deber rendirle pleitesías por el resto de la vida. Ejemplos de esto último tenemos centenares de ejemplos de personas que actúan de esta forma en las distintas disciplinas que componen el mundo.

Como padres, la sola idea de saber que somos los responsables de que nuestros hijos se conviertan en hombres y mujeres preparados para enfrentar el futuro en todos los sentidos, lleva de forma implícita la labor de enseñarlos a ir por todo, en una palabra, a ser valientes y a arriesgar lo que sea necesario con tal de que consigan siempre lo que quieren, pero no hay que olvidar que un aprendizaje irrenunciable es también el cómo se puede recuperarse emocionalmente, sin que ello signifique que antes de que emprenda algo los preparemos para perder.

“Los niños se enfrentar a no ganar prácticamente desde que son muy pequeños: el hecho de no obtener lo que desean en el momento significa que no se salgan con la suya, cuando participan en un juego que puede ser en el entorno familiar o más aún si ellos participan como tal en alguna actividad competitiva como un equipo de fútbol, un grupo de danza u otras, quedan expuestos a no obtener lo que tanto les han dicho que deben aspirar. Y es desde su primera infancia cuando debemos a enseñarlos a hacer un buen manejo de la frustración para que de esta forma no se sientan disminuidos en los momentos en que no se logra su objetivo”, dice el doctor Hans Olvera, catedrático de la Universidad Iberoamericana.

No darles todo lo que piden, enseñarlos a esperar, a reconocer las cualidades y errores de sí mismo y de quienes le rodean de una forma objetiva son elementos indispensables cuando se trata de educarlos para ganar y perder. Si ellos ignoran que no pueden pasar por encima de quien sea para sentirse complacidos, que no es posible que se impongan sus deseos sobre la realidad que viven, es seguro que no tendrán idea de que fracasar forma parte de la vida.

¿Qué tiene que ver todo esto con el manejo de la derrota? Es muy claro, dice el especialista, parte de aprender a perder consiste en desarrollar la tolerancia y la paciencia, a partir de que los chicos comprendan que cada persona es diferente, con distintos niveles de cualidades y defectos, por lo que es inútil compararse con los demás. Sin embargo, sí pueden reconocer lo positivo e incluso estar abiertos a poner en práctica algunas medidas que a otros les funcionen para desempeñarse mejor.

“Una característica de la paciencia es tener un plan para llegar a los objetivos, aprender a esperar los tiempos necesarios para que algo se realice y estar atento a descubrir las fallas que se cometen para corregir los métodos si hace falta. Una persona que está preparada para aceptar las derrotas sin que éstas dañen la autoestima ni tengan un impacto emocional erróneo, puede tener la seguridad de que aún de las experiencias no gratas obtendrá un conocimiento y podrá obtener provecho de ellas en bien de su crecimiento integral”, afirma el experto.

Perder no es malo, es también parte de la vida y puede ser un camino hacia las grandes victorias, no hay que huir de las derrotas ni verlas como algo definitivo, sino como vivencia que bien canalizada dará jugosos frutos.”Conocerte a ti mismo, esculpe tu carácter”

bojorge@teleton.org.mx

Para saber más

El mundo emocional del niño

Isabelle Filliozat

Editorial Oniro

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El último Samurai

Dirige Edward Zwick

Estados Unidos, 2003