California: Mezquindad espacial

¿Quién le teme a un astronauta mexicano-americano? Cuando el astronauta es también un demócrata que se presenta como candidato al Congreso, aparentemente, la respuesta es: una firma legal de tendencia republicana.

Según The Fresno Bee, la firma Bell, McAndrews & Hiltachk, con sede en Sacramento, California, ha llegado hasta el extraordinario punto de presentar una demanda para impedir que José Hernández -candidato demócrata al Congreso quien, además de ser ingeniero y científico, fue miembro de la tripulación del transbordador espacial Discovery en 2009- use el título de “astronauta” para identificarse en la elecciones primarias de junio.

¿En serio? ¿Cuán mezquino e infantil se puede llegar a ser?

La firma -que, según informó el Bee, tiene fuertes lazos con los candidatos republicanos y el Partido Republicano de California- parece determinada a mostrárnoslo. Sus abogados han pedido a un juez del Tribunal Superior del Condado en Sacramento que impida que Hernández utilice ese título porque, dicen ellos, no se trata de un título que “uno lleve de por vida”.

Es un argumento interesante, pero no muy fuerte. Me crié en el centro de California, donde se están desarrollando estos hechos y donde la principal actividad es la agricultura. Muchas veces, cuando fui a votar, vi candidatos en la boleta electoral, que se identificaban como “agricultores”-cuando era de conocimiento general de que ese individuo había sido agricultor años antes y ya no lo era. Aparentemente, ese es uno de esos títulos especiales, que uno sí puede llevar de por vida. Que yo recuerde, nadie hizo nunca ningún lío por algo de ese tipo.

Entonces, ¿de qué se trata realmente este lío? La respuesta radica en la política partidaria y en el reconocimiento de que el punto fuerte de Hernández es su asombrosa historia de vida. Dado que este astronauta -¡uy!, lo dije otra vez- es mexicano-americano, es una historia que inspira a muchos. Pero como los latinos representan más del 40% de los residentes de la California Central, y un número cada vez mayor de electores, es una historia que asusta a otra gente.

Hernández, hijo de inmigrantes mexicanos, pasó parte de su juventud cosechando frutas y vegetales junto con sus padres, en los campos del centro de California. En la escuela, le gustaban las Matemáticas y las Ciencias, y le iba lo suficientemente bien en esas asignaturas para obtener finalmente un título universitario de bachiller en Ingeniería Eléctrica, y pasar a la escuela de posgrado. Más tarde, fue a trabajar a la NASA y terminó realizando el sueño de su niñez de viajar al espacio.

Sí, ya ven que esta es una historia habitual, común y corriente de éxito. Nada excepcional aquí.

Ahora, Hernández -defensor elocuente de una reforma migratoria integral y de la Ley DREAM, que brindaría a estudiantes indocumentados categoría legal si asisten a la universidad o se incorporan a las Fuerzas Armadas- ha renunciado de la agencia espacial y quiere ir al Congreso. Si gana las primarias, se enfrentará al representante Jeff Denham en el Décimo Distrito Electoral, que acaba de ser delimitado.

Los republicanos, al sentirse amenazados por este reto, están atacando a Hernández mediante uno de sus más preciados bienes: su historia de astronauta.

Sin embargo, he aquí el problema. Este hombre trabajó arduamente para obtener ese título. Se lo ganó contra viento y marea. Un título de esa categoría no es algo que -como diría mi padre- reparten en las cajas de cereales.

Me pregunto: ¿creen ustedes que los republicanos protestarían si este candidato latino se identificara en la boleta electoral como “campesino” o “jardinero? No lo creo.

Espero que el juez desestime el caso. También espero que los republicanos de la firma legal recobren la cordura -o, si eso es demasiado pedir, por lo menos que otros republicanos decidan que no quieren tener nada que ver con este truco.

Saben, en el ámbito nacional, tal como lo han reconocido algunos republicanos pesos pesados, como Karl Rove y Jeb Bush, el Partido Republicano enfrenta un maremoto demográfico. Para 2040, los latinos representarán un cuarto de la población estadounidense. Y, al mismo tiempo, el Partido Republicano es tan popular entre este grupo electoral como la muerte y los impuestos.

Es un desprecio bien merecido. Observen las travesuras de este grupo de republicanos miope del distrito electoral del centro de California y comprenderán por qué.