Con el espíritu de 1968

El Salvador puede ganar la segunda clasificación de su historia a Juegos Olímpicos
Con el espíritu de 1968
Jaime Alas será el jugador a seguir por los salvadoreños; Orlín Peralta hará su labor con Honduras.
Foto: FOTO: EFE

KANSAS CITY.- Cuarenta y cuatro años. Ese es el tiempo que ha pasado desde la primera y única vez que el futbol salvadoreño ha participado en Juegos Olímpicos.

México 1968 guarda la estampa no sólo de los históricos como Bob Beamon o Dick Fosbury sino también la de un grupo de jóvenes que defendían la elástica azul en un rectángulo de juego y que durante más de cuatro décadas han permanecido solitarios en la fotografía de futbolistas salvadoreños olímpicos. Quizá hasta hoy.

Porque hoy el balompié cuscatleco tiene una cita con la historia.

Cuatro décadas y media después, los Beatles ya se desintegraron, el colón ya no existe, las dobles programaciones de futbol nacional pasaron a mejor vida y la televisión ya es a color.

Lo que no cambia es el amor hacia un esférico rodando y la pasión de apoyar a los combinados nacionales.

Cuarenta y cuatro años después, a la fotografía de cuscatlecos olímpicos se pueden agregar nuevos rostros, cuando hoy la selección Sub-23 se mida por un boleto directo a los Juegos de Londres 2012.

Honduras es el rival, el sublíder del Grupo B en el torneo. Coraje, talento e ilusión se llama la inspiración.

El combinado de 1968 tenía a Juan Ramón “Mon” Martínez, el de 2012 tiene a Léster Blanco.

El de 1968 tenía a Mauricio “Pipo” Rodríguez, el de 2012 tiene a Jaime Alas.

El de 1968 comenzó su camino hasta los Olímpicos derrotando a Honduras, el de 2012 puede sellar su boleto contra los catrachos.

Figuras reconocidas antes y ahora, coincidencias antes y ahora también; hasta cada una de esas selecciones tiene un “Ruso” en sus filas: José Antonio “Ruso” Quintanilla hace cuatro décadas, Andrés “Ruso” Flores en estos tiempos.

Empero, para esta generación de futbolistas salvadoreños es ahora o nunca.

Tras ser una generación que ha debido sobrevivir sucesivas derrotas y eliminaciones en procesos Sub-17 y Sub-20, y ver cortadas sus aspiraciones en Juegos Centroamericanos y del Caribe a los que había clasificado y la competición no se llevó a cabo, el futbol puede ser justo ahora con la “Azulita” y comprobar que una puerta nunca se cierra sin que se abra otra.

Cada puerta que se le cerró a la Sub-23 podría representar un espacio más hasta abrir la de Londres.

Además, el camino hasta el momento que viven hoy tampoco ha sido fácil.

Una triangular en septiembre del año pasado que se superó con solvencia al vencer a Panamá y Guatemala y luego seis meses de incertidumbre con fogueos contados con los dedos de una mano y polémicas fuera de la cancha.

Así, bombardeados por fuera pero confiados por dentro, la Sub-23 echó a andar la ilusión en un grupo donde no era favorita y acabó vistiéndose con el traje de primer lugar de grupo.

Cero goles contra Canadá, cuatro contra Cuba y el pase a semifinales que debía definirse contra Estados Unidos, en uno de los partidos más emocionantes de la historia del balompié local.

Abajo en el marcador por 2-3, justo en el momento que parecía que el árbitro se llevaba el silbato a la boca, Jaime Alas anotó el tanto que tiene soñando a todo un país con alcanzar una gesta de la que, por conocimiento, sólo pueden hablar los que tienen más de cuatro décadas en el país.

Ni siquiera con el pase a semifinales, la espera ha sido fácil.

Sobre todo luego que ayer se conociera que el lateral izquierdo, Alex Larín, no podrá jugar ante los catrachos por una suspensión de tres partidos, producto de un reclamo -¿revanchismo?- de los gringos que protestaron una falta del cuscatleco y por la que “Cacho” tendrá que pagar tres partidos de suspensión.

Una razón más para sentir que todo está en contra. Pero una razón también para acabar de motivarse.

El Salvador Sub-23 que hoy saltará al Livestrong Sporting Park sabe que ha tenido en contra cuanto obstáculo ha sido posible hasta llegar donde está.

“‘Los jugadores no van a parar aquí. Tienen esperanzas de ir a los Juegos Olímpicos”, indicó Mauricio Alfaro, timonel de la escuadra salvadoreña.

En el camino que comenzó cuando eran proceso Sub-17 hasta la fecha han salido y llegado jugadores, han sufrido la pérdida de Nelson Rivera -uno para dedicarle el boleto-, la lesión de Jonathan Águila en el primer juego del Preolímpico y ahora la sanción de Larín.

Todo parece estar en contra.

Empero, lo que la “Azulita” tiene a favor es el calor de todo un país y de todos los hermanos lejanos que hoy serán más cercanos que nunca.

Londres espera por El Salvador. El Salvador espera por la historia.