Cambio insuficiente

La historia del planeado tren de alta velocidad entre Los Ángeles y San Francisco no termina de convencer. Es hasta difícil reconocer el nuevo proyecto dado a conocer el lunes de la Proposición 1-A que fue aprobada por los votantes en 2008.

El costo del proyecto estimado por la iniciativa electoral era de 40 mil millones de dólares, los que se fueron elevando con el pasar del tiempo hasta superar los 98,500 millones de dólares. Este cálculo que duplicaba el estimado original, acompañado de la idea de comenzar el proyecto en un tramo de poco interés, causó un temporal político que condujo a este nuevo plan.

La buena noticia es la reducción del costo estimado -entre los 68 y 80 mil millones de dólares- aunque sigue muy por arriba del precio original. Para lograr este ahorro se cambió la idea de construir una nueva red vial entre las dos ciudades, por un sistema mixto que permitirá el uso de los rieles de Caltrain. De esta manera, se desvirtuó el concepto de un viaje directo entre Los Ángeles y San Francisco por uno que posiblemente tendrá trasbordos.

Desde un inicio estuvimos en desacuerdo con la Proposición 1-A y los desarrollos posteriores confirmaron las sospechas iniciales de que el costo del proyecto sería mayor a lo estipulado en la iniciativa.

Creemos en un transporte público y en la importancia de conectar las dos metróplis de una manera eficiente y rápida. No nos oponemos al progreso. Sin embargo, en medio de la ola de recortes de presupuesto por el que pasa California no era aconsejable embarcarse en este proyecto. Especialmente cuando hasta el día de hoy no está claro de donde saldrán los fondos para un proyecto de tal magnitud.

La Oficina del Analista Legislativo reportó hace unos meses que el proyecto del tren rápido tenía problemas de administración, además de de ser demasiado optimista con los números. Las modificaciones recientes responden a esta crítica, pero todavía no da tranquilidad en cuanto al costo.