México: riesgos electorales

A las denuncias de conspiración, espionaje y guerra sucia que tradicionalmente caracterizan las campañas electorales en México, este año se ha sumado otro ingrediente que amenaza con tornar aún más nebuloso el escenario político: la inseguridad propiciada por el fortalecimiento del crimen organizado.

La señal de alarma la dio hace unos días nada menos que el consejero del Instituto Federal Electoral (IFE), Leonardo Valdés Zurita. Sin rodeos, el funcionario aseguró que el clima de inseguridad y la búsqueda de vacíos legales constituyen los principales obstáculos para las elecciones.

Valdés Zurita agregó que el IFE entregará el próximo 30 de abril a las autoridades un mapa en el que detalla las zonas más conflictivas del país para la realización de los comicios. Entre las causas que podrían obstaculizar el proceso electoral se destacan las poblaciones con alto nivel de analfabetismo, las que se rigen por sus propios usos y costumbres, las que padecen serios problemas de alcoholismo, drogadicción, conflictos religiosos, étnicos, agrarios, así como pandillerismo, vandalismo y violencia causada por el narcotráfico.

Según el funcionario, de las 66,740 secciones electorales que hay en México, 9,343, es decir, el 14% requieren atención especial y, de ellas, 4,004 tienen problemas de inseguridad. A simple vista, parecería que la cantidad no es exagerada. Sin embargo, llama la atención que esta cifra es más del doble de la que se dio en las elecciones de 2009, cuando se detectaron 1,635 secciones inseguras. Más preocupante resulta aún el hecho de que están ubicadas en 203 de los 300 distritos electorales del país y en zonas altamente pobladas como el Distrito Federal, Tijuana, Ciudad Juárez, Monterrey y Acapulco.

Debido al clima de inseguridad, no sorprende que todos los candidatos a la presidencia hayan iniciado sus campañas con el mismo mensaje: la promesa de un cambio profundo para que el país recupere la paz.

El priista Enrique Peña Nieto, favorito en todas las encuestas, aseguró que su prioridad será terminar con la ola de violencia, pobreza y corrupción que aqueja al país. Josefina Vázquez Mota, del PAN, dijo a su vez que trabajará para que México vuelva a tener paz y haya pleno Estado de derecho, pero sin claudicar ni negociar con los delincuentes. En el mismo tono, el perredista López Obrador precisó que hay sólo dos proyectos: el de continuar con más de lo mismo o el que él representa, que es un verdadero cambio para vivir con justicia y tranquilidad.

El problema con estos discursos es que son ya muy pocos los ciudadanos que los creen. A diferencia del año 2000, cuando un amplio sector creyó que Vicente Fox cambiaría el país y de 2006, cuando había millones que tenían esperanza en López Obrador, hoy ni las elecciones ni los candidatos despiertan ya grandes pasiones.

Y es que, como bien dijo hace unas semanas el escritor Carlos Fuentes, los aspirantes a la presidencia son muy pequeños en comparación con la magnitud de los problemas del país. Lo más grave es que este desánimo abre la puerta a otro gran enemigo de la democracia: el abstencionismo.