Enlace: Sicilia: hora de actuar

El diagnóstico de Javier Sicilia sobre México es tan doloroso como contundente:

“Tenemos un Estado fallido, cooptado y delincuencial”, dijo durante la visita que hizo esta semana a Los Ángeles para promover la Caravana por la Paz que comenzará el 12 de agosto en San Diego y llegará hasta Washington, D.C.

Sus palabras calan hondo entre quienes lo escuchamos. Se trata no sólo de uno de los intelectuales y poetas más reconocidos de México, sino de un activista que se ha ganado un gran respeto por su valentía para desafiar abiertamente la estrategia del presidente Calderón contra el narcotráfico.

Los argumentos de Sicilia contra esa guerra son irrefutables: han muerto más de 50 mil personas, muchos de ellos inocentes, pero no han disminuido la producción ni el consumo de drogas. Y como bien apunta, el principal motivo del fracaso de la lucha de Calderón es que él cree que los malos son nada más los que están afuera del gobierno, cuando todos sabemos que el crimen organizado está infiltrado prácticamente en todas las esferas del poder.

“De otra manera”, dice, “no se explica uno cómo es posible que el 98% de los crímenes en México quede en la impunidad”. Miles de inocentes han muerto sin que se haya detenido a los responsables. Una de esas víctimas fue su hijo Juan Francisco, de 24 años, asesinado con otros seis jóvenes por narcotraficantes.

Esa tragedia personal fue la que convirtió al poeta en activista y líder del Movimiento por la Paz con Dignidad y Justicia.

Si bien el principal responsable de la guerra fallida contra el narcotráfico es Calderón, Sicilia aclara con toda razón que no es el único. Quienes estamos al tanto de lo que pasa en México, sabemos que todos los partidos políticos tienen un historial negro y que ninguno de los candidatos a la presidencia ofrece soluciones verdaderas.

Justamente por esa razón, Sicilia se ha pronunciado a favor del voto blanco, una alternativa que para muchos, entre ellos para el izquierdista López Obrador, es nociva, pues le favorecerá al PRI. El poeta argumenta, sin embargo, que el problema no son las personas o los candidatos sino las estructuras.

El otro gran obstáculo para detener el baño de sangre en México es la política de Estados Unidos hacia el narcotráfico. Sicilia lo pone bien claro: aquí hay 40 millones de adictos a las drogas y los carteles operan sin que el gobierno haga nada. Y no sólo eso, las armas se venden como si fueran dulces y las mandan a México, donde caen en poder de los criminales.

La única salida para Sicilia es que la gente en ambos lados de la frontera se indigne, que los candidatos mexicanos renuncien y se cree un gobierno de unidad nacional que construya una ruta para la paz. Son, desde luego, los deseos de un hombre justo y bondadoso, de un poeta místico y creyente. Al escucharlo, lo único que puedo pensar es que no podemos cruzarnos de brazos y que, si tuviéramos políticos como él, México sería el país que tanto deseamos.