Los cambios posteriores

El 29 de abril de 1992 participé en un foro organizado por Cal State Los Ángeles sobre las tensiones raciales en esta ciudad. Esa mañana en particular, los oradores y la audiencia estaban abocados a evaluar los conflictos entre los afroamericanos y los coreanos de Los Ángeles. Sabíamos que en cualquier momento se daría a conocer el veredicto del caso de Rodney King, pero todavía no se tenían noticias. Algunos pensaban que era posible que las comunidades afroamericanas fueran propensas a la violencia si no se condenaba a los agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) que estaban siendo sometidos a juicio por golpear a King. Sin embargo, nadie de los presentes en el foro esa mañana sospechaba el giro nefasto que tendrían las cosas o que los latinos participarían activamente en las calles durante todo el caos y que representarían más de la mitad de las personas arrestadas.

Los Ángeles ha cambiado mucho desde los disturbios y las revueltas de 1992. Aunque por otra parte, ¡no parece haber cambiado tanto!

Aquí consideraré especialmente las relaciones raciales, los cambios demográficos, las condiciones económicas y políticas como forma de reflexionar sobre la situación de Los Ángeles 20 años después de aquellos hechos. Las relaciones raciales y los cambios demográficos

Las relaciones entre los principales grupos raciales y étnicos de la región se han vuelto más tolerantes, aunque continúan existiendo tensiones entre varios grupos, particularmente entre los afroamericanos y los latinos. A su vez, los sentimientos contra los negros y los latinos también prevalecen en una porción de la población, y a veces manifiestan su odio y se tornan violentos. Aunque en la gran mayoría de los casos, nos estamos llevando mucho mejor o tolerándonos mucho más que a principios de la década de 1990. Una encuesta reciente del Centro para el Estudio de Los Ángeles de Loyola Marymount University (LMU) refleja esta actitud más tolerante hacia los demás.

En un grado considerable, las reformas de LAPD en la última década, concebidas por el exjefe John Bratton y el actual jefe Charlie Beck, han cambiado en gran parte la cultura de LAPD, pasando de una fuerza poco amistosa y con fines de ocupación en las comunidades negras y latinas, a convertirse en una entidad que cultiva la colaboración para la resolución de los problemas de la comunidad.

La población latina ha tenido un crecimiento desenfrenado desde 1992, alimentada tanto por la inmigración como por los nacimientos en Estados Unidos. Gran parte de este crecimiento demográfico tuvo lugar en el Sur de Los Ángeles, donde las comunidades y los vecindarios pertenecían tradicionalmente a los afroamericanos desde el comienzo de la década de 1940. Este cambio ha generado significados muy grandes para la nueva mayoría latina de los vecindarios del Sur de Los Ángeles (principalmente compuestos por centroamericanos y mexicanos), para los residentes afroamericanos residentes en el Sur de Los Ángeles desde hace varias generaciones, para la representación política equilibrada y para los representantes electos de la zona. Algunos consideran esta nueva mezcla entre latinos y negros como una forma de enriquecimiento. Pero para otros, el cambio de apariencia y de cultura de la zona ha generado alarma y alejamiento.

Además del influjo latino en las comunidades del Sur de Los Ángeles, que se ubican en un radio de veinte millas cuadradas de la ciudad, también hemos observado la mudanza de la clase media y otros afroamericanos hacia zonas residenciales y al área metropolitana de Riverside-San Bernardino-Ontario, conocida como Inland Empire. Se calcula que desde 1990 hay 80 mil afroamericanos menos en el Sur de Los Ángeles. Las tensiones en la calle, en los vecindarios y en las escuelas han terminado en violencia en algunas ocasiones, en particular entre los jóvenes y adultos jóvenes. La pobreza, la competencia por puestos de trabajo escasos, los cambios del vecindario y las diferencias culturales hace mucho tiempo que generan patrones de conflicto y tensión en la historia urbana de Estados Unidos. Los Ángeles no ha sido la excepción. Sin embargo, en los últimos cinco años el Sur de California ha observado una mejoría considerable en las tensiones.

Condiciones económicas

La brecha entre los ricos y los pobres en la ciudad y el condado Los Ángeles se ha profundizado y agravado en los últimos20 años. En el informe que United Way of Greater Los Angeles llevó a cabo hace dos años sobre La historia de dos ciudades así como también varios economistas sostienen que tanto los puestos de trabajo para la clase media como la propia clase media están desapareciendo a un ritmo vertiginoso en Los Ángeles. Esto no obra a favor de las áreas más empobrecidas de la ciudad y la región, como el Sur de Los Ángeles, el corredor de Koreatown/Pico Union y algunas porciones del Este de Los Ángeles, donde viven la mayoría de la clase obrera de origen latino, afroamericano y asiático y las poblaciones inmigrantes. El alto índice de desempleo y la falta continua de posibilidades laborales, el bajo nivel de inversión económica y los recortes a los servicios gubernamentales son desafortunadamente la norma.

Dadas las dificultades económicas que ya padecían estas zonas durante la recesión a comienzos de 1990, hoy no se encuentran en mejor situación debido a la Gran Recesión actual y al apático período subsiguiente. El “remedio” público para estas comunidades aquejadas tras los disturbios civiles de 1992 fue canalizar sus necesidades a través del programa Rebuild LA, la inversión económica prometida, el nuevo desarrollo empresarial, la capacitación laboral y la creación de puestos de trabajo especialmente el Sur de Los Ángeles. Sin embargo, Rebuild LA y las promesas de las élites políticas y económicas fueron un fracaso rotundo y hoy cayeron en el olvido.

Cambio político

En los últimos 20 años, el crecimiento político de los latinos, medido tanto por la cantidad de votantes como de representantes electos, comenzó casi a coincidir con la tasa de crecimiento demográfico. Si bien la población afroamericana se estancó e incluso decreció desde 1992, continúa siendo una comunidad bien representada políticamente. Un caso semejante es el de la comunidad judía de Los Ángeles que, al igual que la comunidad afroamericana, su voto tiene una implicancia mayor en proporción a sus datos demográficos. Parte del motivo de este fenómeno es la atribución de un valor muy alto a la participación electoral entre los afroamericanos, como un premio muy preciado que se logró como resultado del Movimiento de los Derechos Civiles, mientras que las comunidades judías urbanas valoran desde hace mucho tiempo tener un alto nivel de participación y representación en diversas entidades políticas. Parte de la ecuación también se debe a que las comunidades latinas y asiáticas/Islas del Pacífico votaban antiguamente por debajo de la proporción demográfica por diferentes motivos, como ser: alta cantidad de inmigrantes, población de menor edad y opiniones diferentes sobre la participación en los sistemas políticos según sus países de origen.

Cabe destacar que en el año 1992 los afroamericanos ocupaban tres de las 15 bancas del Concejo Municipal de Los Ángeles, la misma cantidad que hoy. Los latinos tuvieron entre dos y tres bancas en el concejo durante la década de 1990 y hoy ocupan cinco bancas. Si bien la tasa de crecimiento de los asiáticos/Islas del Pacífico ha sido incluso más alta que la de los latinos en la ciudad y la región metropolitana de Los Ángeles desde 1992, no ha contado con un miembro del Concejo Municipal desde 1993. En la poderosa Junta de Supervisores del condado de Los Ángeles, los latinos cuentan con una de las cinco bancas, los judíos y los afroamericanos tienen una banca cada uno y los blancos no judíos tienen dos bancas. Nunca hubo un supervisor asiático.

Quizás el cambio político más significativo en los últimos 20 años se relacione con los sindicatos y la comunidad latina. Tom Bradley finalizó su quinto y último período como alcalde en 1993, al mismo tiempo que su buen amigo William “Bill” Robertson finalizaba su larga trayectoria en la Federación del Trabajo del Condado Los Ángeles. Al tiempo que el electorado de Los Ángeles, todavía con nerviosismo e inquietudes, se congregaba alrededor del empresario republicano Richard Riordan y su campaña a la alcaldía “lo suficientemente duro para cambiar a Los Ángeles”, el período como alcalde de Riordan comenzó cuando James Wood asumió la responsabilidad del liderazgo sindical de Robertson. El sindicato, bajo Wood, jugó un papel tradicional al premiar a sus amigos políticos y castigar a sus enemigos.

Pero raras veces hubo interés por organizar a los trabajadores inmigrantes y mucho menos por apoyar a los latinos a presentarse a cargos públicos. El liderazgo sin ninguna distinción por parte de Wood fue breve. Murió de cáncer al pulmón a comienzos de 1995. Pero muchos analistas de la política de Los Ángeles consideraban que la principal contribución de Wood fue el nombramiento del extrabajador agrícola Miguel Contreras como director político de la Federación. Cuando Wood murió, Contreras logró triunfar en unas elecciones muy reñidas en 1996 para servir como su sucesor y liderar el movimiento sindical de Los Ángeles. Muchos líderes sindicales de larga trayectoria, tanto blancos como negros, se unieron en oposición a la candidatura de Contreras. Pese a eso, Contreras ganó y ellos perdieron, y como resultado hubo una transformación política del sindicato, de la comunidad latina y de varias escenarios políticos. Contreras, que murió en el año 2005, fue el primer Secretario Ejecutivo-Tesorero latino de la Federación del Trabajo del Condado Los Ángeles. Su viuda, María Elena Durazo (la persona actual que ocupa ese cargo) es la segunda persona latina en desempeñar estas funciones.

Esto significó un punto de inflexión en la política electoral. Con el objetivo de organizar a los inmigrantes tanto indocumentados como documentados y a los trabajadores latinos y asiáticos de bajos salarios, se forjó una alianza entre la Federación del Condado de Los Ángeles y varios grupos latinos y asiáticos de derechos inmigrantes y civiles, sindicatos solidarios, miembros eclesiales progresistas y otras personas en lo que se conoció como la Alianza Latina del Trabajo. La alianza hizo énfasis en la estrategia incipiente de la Federación de responsabilizar más a las autoridades públicas, una vez electas, según las políticas sindicales, y presentar candidatos del propio movimiento sindical, muchos de ellos latinos que nunca se habían presentado a un cargo público. Parte del éxito de esta estrategia se ve en la gran cantidad de latinos y otras autoridades públicas electas (considerados los “guerreros de los trabajadores”) que representaron a algunas porciones de la ciudad o el condado de Los Ángeles en Sacramento y el Congreso (pensemos en Hilda Solís y Judy Chu), y en los concejos municipales de varias ciudades en todo el Valle de San Gabriel y, por supuesto, de Los Ángeles

Por último, desde el comienzo de la década de 1990, tres latinos del área de Los Ángeles fueron electos como miembros de la Asamblea Legislativa de California y nombrados por sus miembros para desempeñarse como presidente de dicha asamblea: Antonio Villaraigosa, Fabián Núñez y John Pérez. ¡Qué estrategia, por cierto! ¿Qué significó este crecimiento electoral, esta representación política equilibrada y esta política de coalición más sostenida a comienzos de la década de 1990 para los Ángeles, la región y el estado?

Eso es un tema que amerita ser tratado en otro artículo.