Veinte años después

Veinte años después

El 29 de abril de 1992 esta grabado a fuego en la historia de Los Ángeles. Los acontecimiento ocurridos en esa fecha han servido como un parteaguas que, analizándolo dos décadas después, tuvo un impacto positivo en nuestra ciudad aunque todavía quede mucho por hacer.

Es imposible olvidar la sorpresa, temor y tristeza profunda que sintieron millones de personas que vieron explotar un sector de nuestra sociedad ante el veredicto que exculpó a los policías que golpearon salvajemente a Rodney King.

La frustración, la pobreza y los atropellos de la Policía de Los Ángeles sacó a la calle a una multitud a destruir los comercios de sus vecindarios y a agredir a las personas de otros grupos raciales que encontraran a su paso. Entre ellos había una gran cantidad de inmigrantes latinos del centro y sur de Los Ángeles que aprovechó el caos para saquear comercios de un manera vergonzosa; mientras que muchos comerciantes coreanos defendían sus negocios a punta de pistola.

Esos fueron los días que latinos y afroamericanos cayeron en la tragedia de destruir su comunidad para expresar una inconformidad que estuvo cultivándose por largo tiempo. Se vivieron momentos de tristeza y de grandeza, como aquel en que el pastor afroamericano protegió con su cuerpo al inmigrante guatemalteco que era duramente golpeado, salvándole la vida.

En esos días desde esta página hacíamos un llamado a recuperar el ánimo y la generosidad. Hoy a la distancia podemos ver que estos disturbios condujeron a importantes avances para la ciudad.

Como primera medida se ha mejorado la comunicación interna en las instituciones ciudadanas, cuya descoordinación condujo a una pobre respuesta ante la primera señal de incidente callejeros.

El Departamento de Policía de Los Ángels (LAPD), un protagonista de los hechos, pasó por un largo período de cambios y de liderazgo. El LAPD, prepotente y abusivo del exjefe Darryl Gates, dio paso a una fuerza policial más consciente de la importancia de acercarse a la comunidades de minorías. Este es un camino que se recorre y se pone a prueba cada día.

El área más damnificada por los disturbios se ha ido reconstruyendo poco a poco. Las construcciones han llenado lotes vacíos y las inversiones han ido generando empleo. Sin embargo, las difíciles condiciones socioeconómicas en la comunidad afroamericana no han mejorado significativamente. Esta es una deuda pendiente que no puede ser ignorada.

En cuanto a los inmigrantes latinos, creemos que en este período de tiempo se han ido incorporando a la nueva sociedad. El desarraigo de hace 20 años que llevó a robar el comercio de la vecindad, se ha ido reemplazando con un sentimiento de pertenencia a la comunidad en la que se reside.

Como resultado de los disturbios surgieron esfuerzos de acercamiento por parte de las comunidades afroamericana, latina y coreana. Tres grupos que hasta 1992 solo se reconocían por sus diferencias y antagonismos; a partir de los disturbios descubrieron la importancia de conocerse y de trabajar juntos.

Los Ángeles es hoy una ciudad mejor que la que estalló en un espiral de violencia hace 20 años. Algunos factores institucionales cambiaron drásticamente para asegurar que no se repitan estos hechos. Otras circunstancias socioeconómicas permanecen terriblemente parecidas.

La lección de los 20 años dice que no se puede ser complaciente, que es necesario reconocer que los angelinos vivimos en una ciudad que se enriquece con su diversidad de población. Que este mosaico multicolor nos hace más fuertes, al mismo tiempo que nos obliga a ser más generosos y tolerantes.