TU TECNOLOGÍA: Manejando tu reputación en línea

La reputación hay que cuidarla. Antiguamente solo teníamos que preocuparnos por actuar decentemente, y así todo, se regaban rumores de vez en cuando. En la era súper conectada de Internet, manejar tu reputación puede ser un trabajo de tiempo completo.

Con el desarrollo de las redes sociales y de las búsquedas instantáneas de trillones de resultados en la Web, nuestra reputación ha ido evolucionando. Ahora no es solo lo que dicen tus amigos o conocidos, ahora es lo que aparece en Google cuando se hace una búsqueda de tu nombre, qué opinan tus amigos de ti en Facebook, en qué fotos te etiquetaron y qué comentarios hiciste en Twitter, etc.

Para entender al monstruo que estamos enfrentando, tenemos que comenzar con un paso sencillo que consiste en hacer una búsqueda en Google de nuestro nombre entre comillas, por ejemplo “fulano de tal”. Esto limitará los resultados a tu nombre exacto y así verás mejores resultados. Si te llamas Juan Pérez, te salvaste, pero si tienes un nombre que no es increíblemente común, aquí es donde comienza la tarea.

Hay tres tipos de resultados que aparecen en las redes.

El primer grupo está relacionado con la información que tú compartes. Estas son las fotos que subes, la información que publicas en las redes sociales desde tu estado de ánimo, hasta la dirección de tu vivienda. Estos están bajo tu control: si tienes cuidado con lo que publicas, no tienes que preocuparte de mucho y, siempre que encuentres algo que publicaste por error, lo puedes remover. Recuerda que cada vez que publicas algo en las redes sociales -aunque sea solo para tus amigos- ya perdiste el control ya que esta información puede ser fácilmente reproducida.

El segundo grupo de resultados consisten en la información que se publica sobre ti. Estos son artículos, blogs, tweets, etc., que otras personas crean. Es obvio que no tienes el control sobre este tipo de resultados, pero si no tienes cuidado, puedes meterte en un problema. Imagínate que sales a un club, te diviertes con tus amistades, y alguien te toma una foto tomando una cerveza; luego este amigo llega a su casa y sube estas fotos a Facebook y te etiqueta en la foto. Automáticamente esta foto sale en tu perfil si no has configurado la privacidad de tu perfil para aprobar cada vez que alguien te ponga una etiqueta y, si no lo borras, esta foto puede ser vista infinitamente en el futuro por empleadores potenciales o quién sabe. La lección: hay que estar atentos y ajustar la privacidad en las redes sociales para aprobar todo lo que no es publicado por ti.

Por último, están las fuentes de información pública. Cualquier persona puede buscar tu nombre en motores de búsqueda como Spokeo y Pipl, que se basan en los archivos públicos de las compañías de teléfono y el gobierno. Allí puedes encontrar desde tu dirección hasta tu número de teléfono; es el equivalente de las páginas blancas modernas y puede revelar más información de ti de la que te imaginas.

Al final, la mejor manera de controlar nuestra reputación en la Web es entender bien lo que compartes y qué se ha compartido sobre ti. Si hay algo desfavorable, utiliza el método científico de escribirle a esta persona para que remueva esta información. Al final, el sentido común es la mejor protección.

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