Bain Capital

Genera dudas la experiencia de Romney en Bain Capital

Desde que Bain Capital salió a la luz pública, esta compañía de negocios financieros de Mitt Romney pudo ser la barita mágica que le hubiese permitido llegar a la Casa Blanca con bombos y platillos o pudo convertirse en una tormentosa pesadilla para su campaña política.

Bain Capital está más próximo al segundo que al primero.

Cuando Romney llegó a la tierra, lo hizo con una estrella en su frente. Su padre, George W. Romney, que llegó a los Estados Unidos desde México, luchó, como todos los inmigrantes, por una estabilidad económica. Después de muchos años de batalla, los éxitos de su vida económica se complementaron con la política. Fue gobernador del estado de Michigan.

En este sentido, a su hijo Mitt Romney no le faltó nada. Tuvo la mejor educación en escuelas y colegios privados. Pisó universidades de renombre. Fue admitido a la Universidad de Stanford, aunque solo estudió un año debido a que prefirió viajar a Francia en un proyecto con su iglesia mormona.

Al volver al país ingresó a la Universidad de Brigham Young, donde obtuvo una licenciatura en inglés. Luego estudió derecho y administración de empresas en la Universidad de Harvard.

Romney no tuvo problema de insertarse en el mercado de trabajo después de su egreso de la universidad. Lo anterior gracias a méritos propios y sobretodo a la ventaja que implica egresar de universidades elitistas y pertenecer a un estrato económico de privilegio.

Durante el periodo de apogeo económico, particularmente en la década de los ochenta y noventa, cuando el mercado bursátil se agigantó como nunca, Mitt Romney se dedicó a los negocios financieros. No le interesó tanto la creación de trabajos a través de empresas industriales convencionales.

Fue uno de los cofundadores de Bain Capital en 1984. Al frente de esta empresa se dedicó a comprar pequeñas y medianas empresas. Luego invirtió algunos dólares para proveerlos de mayor vistosidad en el mercado, para finalmente venderlos al mejor postor.

Un gran porcentaje de las ganancias fueron a los bolsillos de Romney. Otra minúscula parte, o tal vez nada, fue a dar a los empleados de las empresas.

Al final, las empresas, debilitadas por la depredación de los inversionistas, sucumbieron. El resultado fue el cierre del negocio. Y con ellos también se fueron los trabajadores. La mayoría engrosaron las listas de desempleados.

Por todo lo que se ha dicho y está por decirse, las elecciones presidenciales de noviembre van a decidirse en base al historial económico de los dos candidatos. El presidente Obama detuvo un trágico debacle económico a través de políticas de corte semi-estatista, pero la crisis todavía subsiste y afecta los bolsillos de muchas familias.

Romney, por su parte, quiere utilizar su experiencia económica en el sector privado. Empero, Bain Capital, la financiera que él mismo creó, es paradójicamente generador de grandes dudas sobre laureles de gran empresario.

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