El país imposible

Por años, los gobiernos mexicanos y los candidatos al 'poder' han olvidado a los inmigrantes radicados en Estados Unidos; a pesar de eso, aquel país es un constante recuerdo, pero también un deseo inalcanzable
El país imposible
Inés Estrada espera alguna 'chamba' en una esquina del barrio de la Mission. Foto Ricardo Ibarra/El Mensajero

SAN FRANCISCO.- Inés Estrada tiene 48 años de edad y más de 20 años de indocumentado en California. ¿Qué sucede en México, cuánto es el salario mínimo allá, quiénes son los candidatos a la presidencia de la república?, sabe poco, reconoce. “Ya tengo mucho yo que estoy desconectado (…) ¿Que si regresaría?, no sé, tengo mi economía aquí, y allá, pues, dependiendo”, dice Inés confuso mientras espera algún “patrón” que lo levante.

Su especialidad es la carpintería y cada día hace guardia en la esquina de la calle 26 y Bartlett, junto con otros cinco o 10 o 15 hombres -depende la temporada, que esperan a alguien que los lleve a realizar algún trabajo en el hogar: pintura, plomería, jardinería, cargador o constructor.

A pesar de tener tanto tiempo en California -cruzó la frontera en 1991, “como todos, por el cerro”-, a Inés Estrada, no se le quita el veloz acento de los costeños de Nayarit, México. Con ese tono ágil y fluido, describe lo que han sido para él los últimos meses: “Últimamente estos dos años son los que me han ido para abajo, pero yo desde que llegué casi siempre estuve trabajando”.

Es una extraña mañana soleada de viernes en San Francisco, y en lo que va de la semana nadie se ha aparecido por la esquina de Bartlett y la 26 para solicitar la fuerza y experiencia de estos hombres que han estado los últimos días viendo a la gente y los autos pasar, según advierten ellos mismos.

Pero si por esa esquina pasara uno de los candidatos a la presidencia de México: Andrés Manuel López Obrador, Enrique Peña Nieto o Josefina Vázquez Mota, ¿qué le diría usted [Inés Estrada] a alguno de ellos? “Pues que generen más empleo, para que la raza no se venga para acá”, responde. Y de pronto se suelta con el ritmo ágil de la costa: “Tengo dos años desempleado, ¿ves?, trabajando aquí, ya no me he podido colocar a pesar de tanto año, de tener contactos aquí y allá, se acabaron los contactos y aquí viene a dar uno”.

Y bueno, se regresa a México, ¿sí o no?, le insistimos a Inés. Contesta: “Allá está nomás mi mamá, hay que enviarle sus centavitos. Los hermanos ya están grandes. Mira, me vine soltero y acá me casé, o me junté más bien, me empaté, como decimos en México, y la verdad ahorita no sé, quizá cuando mis hijas ya estén más grandes. Depende como esté la economía”.

Además, los constantes días de lluvia y “la economía”, señala otro trabajador inmigrante, José Luis, 50 años, de Michoacán: “Por eso mismo, los otros tal vez estén en su casa, por el tiempo. Y los ‘patrones’, poco: ayer una mudanza, la semana pasada también un día de pintura (…). El pago depende del ‘patrón’. Si te reconocen, te pagan bien; la semana pasada nos pagaron $150 por un día, pero los que no quieren pagar bien dan $100 al día o $12 la hora. Otros te dan $20 o $18 por hora”.

¿Quiere regresar a México?, misma pregunta ahora a José Luis: “Siempre tengo que regresar a mi país, pero nomás por la necesidad estamos acá. No hay trabajo, no hay oportunidades en México”.

Él qué le diría a los candidatos: “Los presidentes son unos brutos, no se fijan en el pueblo, nomás para hacerse ricos. A ese Peña Nieto lo correría a patadas, hablar con uno del PRI me daría hasta vergüenza hablar con él, pierdo el tiempo con ellos. Con Obrador, él tiene más experiencia y no tiene antecedentes de robos como los demás, es el mejor candidato, tenemos confianza en él”.

-Pero parece que no hay chamba ni en México ni en San Francisco…

-Con trabajo o no tengo que regresar, está mi familia allá.

-¿Qué le dice su mujer?

-“Ya vente ya vente porque está duro acá México, si no hay trabajo vente”, me dice, “ven a ayudarme acá”. Yo digo que en un año más nos vamos.

Y vuelve a repetir: “Ojalá que quede López Obrador”, y los candidatos presidenciales, como si no escucharan.

¿Qué pueden hacer o proponer los candidatos a la presidencia de México por estos trabajadores inmigrantes e indocumentados que batallan en Estados Unidos? A Mark Silverman le parece una “pregunta interesante”, por ser abogado ydirector de Políticas de inmigración del Centro de Recursos Legales para Inmigrantes (ILRC sus siglas en inglés), en San Francisco.

Más: Impremedia.mexico-aca.com

Da varias vueltas sobre el asunto, como pensando en voz alta, hasta que llega a la siguiente conclusión: “Lo que necesitan es contar con una autorización para trabajar, y hay dos rutas para eso: un programa de legalización para los que ya están aquí, que incluiría la autorización para el trabajo, y una legalización completa que les abra el camino para una permanencia legal”.

En la perspectiva de Silverman, los inmigrantes indocumentados de México no están protegidos y sin autorización legal para el empleo, son sujetos de mayor explotación por quienes deciden emplearlos y “tienen menos oportunidad de obtener un empleo decente”.

Lo cierto es que los candidatos ni el gobierno mexicano pueden obligar al Congreso estadounidense a pasar una reforma migratoria integral, pero lo que sí pueden hacer, según Silverman, es “presionar al gobierno estadounidense para eventualmente pasar la reforma migratoria, que permita a más gente estar aquí legalmente para trabajar”. ¿Cómo?: “Otorgando residencia permanente para los 10 o 11 millones de personas indocumentadas [que ya están en el país] y proveer un programa de autorización temporal, aunque ambos tienen que ser aprobados por el Congreso”.

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