A ver a Mickey Mouse

El presidente Obama vino, vio, bebió, durmió y “TLCió” en Cartagena. Todo por cuenta nuestra. (Y no fue de farra ni negó la cuenta, como sus emproblemados gorilas-guardaespaldas).

Por la atención que le brindamos, exigimos tratamiento preferencial para que no tengamos que pelar cocos con la uña a la hora de gestionar la visa.

Una amiga relató el viacrucis que padeció cuando fue con su familia a solicitar la visa para gastar en USA:

Ante todo, contó, hay que hacer la inevitable cola para ingresar en la tierra prometida del búnker de la embajada en Bogotá. De paso habrá que aguantarse las ganas de protestar cuando empiezan a llamar gente del gajo de arriba para que pase sin la incomodidad de hacer fila, un pasatiempo exclusivo de la gente de la llanura.

Los nervios empiezan desde la noche anterior. Sueña uno con la entrevista, si logra dormir. Si no duerme, tiene pesadillas despierto. El terror-pánico te hace llenar mal el formulario. Mi adorado Epaminondas (nombre cambiado para despistar a la CIA) escribió donde le preguntan por el sexo: femenino.

Cuando uno llega a la embajada, con los mejores trapos para impresionar a los subalternos del Tio Sam, los nervios te traicionan. Te reciben muchachas aceleradas, un tanto prepotentes, que revisan los formularios. Le dicen a uno en letra pegada lo que debe corregir. Preguntan cuáles vienen por convenio, cuáles recomendados por alguna empresa. Nos colocaron unos papelitos color azul en la camisa. A otros les toca color verde, amarillo, una X.Y empezamos a andar de Herodes a Pilatos. La siniestra ventanilla tal es para los de convenio. Nos paramos ahí como hora y media.Una vez en la ventanilla revisan pasaportes, registro civil de matrimonio, registros de los niños, verifican firmas, adn, tamaño del dedo gordo, pedicure, fotos. El gran hermano en acción.

A mi me hicieron repetir la foto porque tenia mucho pelo en las orejas. ¿Por las orejas conoceréis a los que delinquen? Parece. Y a entregar de nuevo el pasaporte. Tocó hacer fila para la huella digital. Menos mal a nadie se le quedó la huella en casa.

Nos quedamos “estatua” otras dos horas para la entrevista que finalmente nos haría una rubia sin glamour. Nos atendió con su sonrisa de gato. Menos mal jamás la volveremos a ver.

Sin mayores elementos de juicio, la funcionaria decidirá, como juez de única instancia. Si amaneció de mal genio, o me mechonió con su gringo, adiós al añorado viaje a Orlando.

Interrogó a mi marido. A su lado, firme, con enigmática sonrisa de Monalisa, yo aparentaba seguridad.

La doña se ponía los dedos en la boca, miraba a la pantalla, buscaba y miraba a “Epami”. Suspenso a lo Hitchcock.

Le preguntó si había tenido líos con la justicia americana o colombiana. Lo miraba a los ojos, como enseñan en Harvard para pillar mentirosos. Mi cuchicuchi estuvo fenomenal. Lo amo. ¡Buscaremos el niño! Al final dio el veredicto: tienen vía libra.

Salimos con sonrisa catedralicia a gastar celular para darle el “positivo” a la familia en Miami e intermedias. Termina la odisea. Gracias a Dios no se perdió el tiempo ni los miles de pesitos invertidos. Mickey Mouse está a la vuelta de la esquina.

Uno se va haciendo votos porque “los hermanos pudientes del norte”, como los llamó el general Torrijos, de Panamá, no vayan a utilizar parte de la platica que nos cobran en la construcción de bombitas para sus inútiles guerras. Y perdón por la redundancia.