Los latinos y los ‘blancos’

El 50.4% es un porcentaje cabalístico para algunos racistas, esos que se empeñan en creer, como los nazis en Alemania, que fuera de la raza que llaman blancos aquí, todos somos inferiores.

Resulta que, Ted Mellnick, comentó en el Washington Post (05-27), basado en datos correspondientes a 2011 de la oficina Federal del Censo, que por primera vez en la historia, en los Estados Unidos, el 50.4% de todos los niños menores de un año, son hijos de las minorías afroamericanas, latinas y asiáticas.

Yo estimo que esas minorías seguirán teniendo más hijos que los que se llaman blancos aquí y por ello es de esperarse que esa tendencia no solo se repita sino que ese porcentaje de niños de las minorías se incremente.

La razón es simple: la edad media de los latinos es de 27 años y la de los que se autollaman blancos aquí de 42. Esa diferencia de edades, y la costumbre latina de tener más hijos, va a hacerse notar.

Aclara Ted Mallnik, que los niños de los que se llaman blancos aquí, “no contando a los niños ‘blancos’ latinos”, son el 49.6% y con ambos porcentajes hace una curiosa ensalada de blancos que no son blancos y otros que solo pretenden serlo.

¿Por qué los niños latinos “blancos” no se consideran blancos “blancos”?

Muy sencillo, porque son latinos y los latinos somos un misterio que los que se llaman blancos aquí no han podido descifrar.

Con todo este revoltijo vale la pena preguntar: ¿Qué tan blanco se tiene que ser para ser blanco y en que punto de una escala de colores se deja de serlo, para…. para ser que?

Según Hitler la raza superior estaba formada por blancos tan blancos como la leche, de ojos azules y pelo rubio. Calificaban para ser “superiores” algunos alemanes y otros de los Países Bajos, muchos escandinavos, algunos franceses, ingleses, irlandeses, escoceses y ¿por qué no? uno que otro de “Jalisco”.

Y los exdueños del norte de América, los indios llamados pieles rojas, a quienes los blancos quitaron sus tierras y confinaron en reservaciones, según parece no son parte de las minorías que van camino a dejar de serlo.

No estoy seguro de si entre los niños de las minorías se cuentan los hijos de esos pieles rojas.

Y me perdonan si dejé de mencionar alguno de los que son discriminados…es que son tantos…. Solo aclaro que inteligencia, educación y cultura nada tienen que ver con la blancura de la piel…

Hay un color importante el gris… la materia gris de la que carecen algunos racistas.

Pero el futuro de la clasificación racial se desmorona porque las gentes se enamoran y se casan olvidando el color (también con quienes tienen dinero; el verde es un color predilecto) y rompen el esquema racista usado con éxito por años.

Muchos morenitos las prefieren rubias, muchos, disque blancos, las prefieren trigueñas y muchos, de todos los colores, se casan con mujeres asiáticas.

Con esto se abre el abanico e impide la clasificación racial por colores y vuelvo a mi racista predilecto, Adolfo Hitler, que asesinó a millones de judíos e intentó acabar con todos los demás, fueran rubios o morenos, de ojos azules, cafés o negros, si tenían el 100%, 50% o 25% de sangre judía o eran miembros de otras razas inferiores… como algunos nos consideran a los latinos, por ejemplo, en Arizona.

Y con perdón de los racistas, nada en el crecimiento de las minorías es un drama ni amenaza para los Estados Unidos.

Y está fuera de lugar la pregunta que hace Sabrina Tabernise en el New York Times (Mayo 17) de si, dado el alto costo (¿?) se está dispuesto a educar a esas minorías nacidas aquí.

El pensar y preocuparse por el costo de educar a esos niños que son iguales a otros, hijos de los que aquí se llaman a si mismos blancos, es un acto discriminatorio a pequeños de un año o menos…

¡Da pena y debería darnos verguenza!

Este país tiene muchas virtudes, todas ellas aportadas por las distintas migraciones que lo han construido y que, como los latinos hoy, fueron temidas por los blancos de entonces antes de que esos migrantes se convirtieran en los blancos de hoy.

Los padres de esos niños latinos -hablo en su nombre- tienen interés en que sus hijos sean mejores y exitosos, ya sea que esos adultos hayan inmigrado en las ultimas décadas o sean descendientes de los miles que vivían aquí antes de que los que se llaman blancos invadieran el oeste por aquello del Destino Manifiesto.

Eso si, ahora más que nunca todos los latinos estamos comprometidos, ante nosotros mismos, de ser los mejores en lo que hagamos, seamos artesanos, técnicos, campesinos o profesionales o en cualquier otra ocupación.

¡Esa debe ser nuestra meta!

Entre más seamos más influencia vamos a tener en el futuro de los Estados Unidos y si los racistas no cometen el terrible error de negarles una educación adecuada a esos niños, si no se les enseña el camino para participar en todos los campos, vamos a crear una casta de ciudadanos de segunda y, de seguro, bajará la calidad de vida de todos.

Esos niños son americanos aunque algunos no sean todo lo blanco como creen poderlo demandar los puristas raciales.