Graduación sin empañamiento

Expertos hablan sobre cómo evitar que el esperado evento se transforme en tragedia

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Graduación sin empañamiento
Los jóvenes deben ser responsables en todo momento de sus actos.
Foto: Archivo / La Opinión

El concluir los estudios secundarios o universitarios es uno de los sucesos más importantes en la vida del adolescente, debido a que marca el primer paso para iniciar una carrera profesional y, por enden, la independencia total del bolsillo de papá y mamá. Tal vez por ello es que el evento causa tanta euforia tanto en los egresados como en los padres, y los planteles celebran con pompas la ceremonia de graduación.

Todo es alegría en el día esperado. Padres, hermanos, abuelas, tíos, primos y abuelos se visten de gala para ver al graduado recibir su diploma y arrojar la toca hacia el aire al concluir la ceremonia. Y, de allí, algunos continúan la celebración en una fiesta familiar en casa y otros en una gran parranda con amigos, que a veces concluye en tragedia por una intoxicación con alcohol o drogas o por conducir bajo el efecto de estas sustancias que alteran el funcionamiento del organismo.

“Según la Administración Nacional de Seguridad en las Carreteras (National Highway Traffic Safety Administración, NHTSA), los accidentes de auto entre las personas de 15 a 25 años de edad aumentan en esta época del año, cuando se dan las fiestas de graduación”, dice a La Opinión el doctor José Avalos, especialista en Medicina Familiar en el Centro Médico de Kaiser Permanente Los Ángeles.

Ciertamente, un estudio del Instituto de Investigación y Evaluación del Pacífico (PIRE) de 2008 señala que el mayor número de accidentes que involucran jóvenes ocurre en junio, mes en que se realizan las fiestas de graduación. “Y, desafortunadamente, un tercio de estos accidentes resulta en muerte. Los accidentes automovilísticos son la causa número uno de muerte en los adolescentes”, denota el doctor Avalos.

Ante la realidad, la división Valle de San Fernando Traffic del Departamento de la Policía de Los Ángeles (LAPD) estableció desde hace más de dos décadas el programa No sea una estadística-Graduación de Sobriedad (Don’t Be A Statistic- Sober Graduation), tras el que cada año visita en mayo y primeros días de junio a más 32 preparatorias de esta zona del condado de Los Ángeles para concienciar a los escolares sobre los peligros de beber y conducir.

“No tenemos una cifra específica del incremento de multas, arrestos y accidentes que se dan por ebriedad o por consumo de drogas durante las días de graduación”, señala el oficial Arturo Ornelas, encargado de la organizar e impartir la clases del programa salva vidas. “Pero sabemos que los casos se incrementan porque el alcohol y la juventud descontrolada es una mezcla explosiva para cualquier tragedia”.

Otra cosa que se ha aprendido -agrega Ornelas-, es que en muchos de los casos las víctimas son jóvenes estudiosos y bien portados, “al sentirse presionados por sus compañeros o querer estar en la misma tónica del grupo beben o consumen drogas por primera vez, y en exceso”.

Se sabe que el alcohol disminuye la función del cerebro y actúa como un depresivo que altera la percepción, los movimientos, la vista, el oído, y el equilibrio. “Por eso, para los adolescentes que no tienen mucha experiencia con el alcohol les es fácil tomar cantidades que resultan en un accidente de tránsito o en un evento de intoxicación que requiere atención médica inmediatamente, y que puede resultar en estado de coma o muerte”, ahonda el doctor Avalos.

Estos problemas se exponen muy bien en el programa de la división del orden público, que busca reforzar la responsabilidad que tienen los adolescentes que conducen o van de pasajeros.

“Los jóvenes tienen que ser consientes de que las acciones irresponsables cambian las vidas en un segundo para siempre”, dice Ornelas.

Anabel Castrezana, psicoterapeuta familiar en Kaiser Permanente en Santa Ana, asegura que los padres de familia juegan un papel importante en prevenir que los chicos y chicas se vean involucrados en incidentes dolorosos durante las fiestas de graduación u otras juveniles.

“La adolescencia puede ser una etapa difícil tanto para los hijos como para los padres, pero es importante establecer una relación de confianza y de comunicación entre padres e hijos para poder influir positivamente en las elecciones que ellos hagan, entre ellas el consumo del alcohol”, señala Castrezana.