Un amor eterno

Pareja cuenta cómo volvió a unirse en matrimonio
Un amor eterno
Las parejas jóvenes deben mantener una buena comunicación para evitar el divorcio.
Foto: Archivo / La Opinión

NUEVA YORK. – ¡Esto es un milagro!. Eso fue lo primero que dijo Elizabeth Zayas cuando se enteró que sus padres se habían reconciliado tras ocho años de divorcio.

Y es que la historia de Vivian y Esdras Zayas no es sólo digna del guión de una novela, sino que bien podría tratarse de “un milagro”, si se considera que más del 50% de los matrimonios en Estados Unidos terminan en divorcio.

Esta pareja de puertorriqueños se casó cuando ambos eran muy jóvenes -ella tenía apenas 17 años y él 20-, pero terminaron separados legalmente siete años después. Sin embargo, el destino y el amor que se tienen, los volvió a unir en matrimonio y hoy quieren compartir con otros su interesante historia.

“Primero estuvimos casados siete años, luego nos separamos por ocho y ahora tenemos siete años de casados nuevamente. Llevamos más de 24 años que nos conocemos y ha sido una aventura”, asegura Vivian Zayas.

Al contraer matrimonio por segunda vez, la mujer, nacida en Nueva York de padres boricuas, tenía 33 años, y su ex esposo, que nació en Puerto Rico, había cumplido 36. Como resultado de los dos matrimonios tienen cinco hijos entre las edades de 21 años y 10 meses.

Aunque hoy viven juntos y felices, la historia de esta pareja no siempre fue color de rosa, especialmente en sus años de juventud. Según explican, las ambiciones y deseos de superarse de Vivian y el amor que Esdras tenía por el Ejército acabaron con su primer matrimonio.

“Cuando se alistó en el Navy [Marina de Guerra], nos casamos y nos mudamos para California, y vivimos allá casi cuatro años. La vida del Ejército es muy difícil, porque él tenía que estar todo el tiempo en un barco y yo me quedaba sola”, comenta Vivian.

“No conocía a nadie en California, y fue muy difícil a esa edad tener un matrimonio así, especialmente sin tener familia a mi alrededor”, recuerda.

La mujer relata que los problemas de pareja empeoraron una vez que su esposo terminó con el Ejército y de California regresaron a Nueva York.

“Éramos muy jóvenes y ya teníamos dos niños. Entonces comenzaron los problemas con las finanzas y con el hecho de que yo quería estudiar y tenía ciertas ambiciones para echar hacia adelante y no sentía el apoyo de él”, explica Vivian.

“Eso produjo tensión en el matrimonio. Además, la falta de comunicación a esa edad tan joven causó que decidiéramos separarnos”, agrega.

Esdras, su esposo, también atribuye la separación a la juventud y la poca experiencia y no a la falta de amor. “Debido a que estábamos muy jóvenes cometimos errores, pero el tiempo te enseña muchas cosas. Fueron experiencias duras, pero comienzas a entender lo que antes no entendías. Tienes más paciencia y sabiduría”, indica.

“Ver que mi matrimonio se me estaba yendo de las manos fue para mí un fracaso personal bien grande. Yo nunca dejé de amar a mi esposa, nunca dejé de amar a mis hijos”, agrega el boricua.

Debido a que son muy cristianos, los Zayas aseguran que no creen en el divorcio, sin embargo lo que al principio fue una separación temporal se convirtió en una legal que duró ocho años.

“Nos separamos sin la intensión del divorcio. Queríamos arreglar las cosas y darnos un poco de tiempo para pensar qué íbamos a hacer, pero lamentablemente una separación temporaria se convirtió en algo permanente”, comenta Vivian.

“Nosotros nunca aceptamos totalmente que era el fin. Aunque tuvimos parejas cuando estuvimos separados -porque tratamos de hacer una nueva vida con otras personas-, siempre nos quedamos con esa interrogante de que si íbamos a volver juntos… Tal vez por eso, en esos ocho años no pudimos tomar pasos o decisiones permanentes con otras personas, porque siempre pensamos en que había otra oportunidad”, dice la boricua.

Tras tantos años separados -narra Vivian-, ya Esdras se estaba dando por vencido ante la posibilidad de una reconciliación. Sin embargo, los atentados terroristas del 11 de Septiembre de 2001 en Nueva York y la posterior guerra en Irak, le dieron un giro a la vida de esta pareja y su familia.

“Cuando pasó lo del 9-11, me había resignado que mi ex esposa y yo no nos íbamos a juntar, y decidí regresar otra vez al Ejército, pero no sólo por el sentir patriótico sino para dejarle su espacio necesario para que ella hiciera su vida”, cuenta Esdras.

No obstante, el joven padre nunca se separó por completo de su familia y cada vez que sus obligaciones militares se lo permitían venía a Nueva York a visitar a sus hijos.

“Él venía a ver a los niños y en esos viajes a veces se quedaba en el carro durmiendo y pasando frío, porque ya no tenía apartamento en Nueva York. Pero en una ocasión le dije que no había necesidad de eso porque yo aquí tenía un cuarto donde podía quedarse. Y poco a poco, en esos viajes, empezamos a hablar más por el teléfono y comenzamos a bajar la guardia y empezamos a abrirnos de nuevo”, recuerda Vivian.

“La distancia sanó muchas heridas y muchos malos recuerdos, y eso hizo posible tratarnos de nuevo de forma diferente y con mucha madurez”, comenta la mujer.

Además, asegura la hispana, tras los atentados del 9-11 ambos comenzaron a ver las cosas de manera distinta. “Nos dimos cuenta de lo frágil que es la vida; vimos que muchas personas perdieron a su familia ese día, y que la familia es más importante que las metas financieras y escolares”, enfatiza Vivian.

Según relatan, antes de que el barco de guerra en el que se encontraba Esdras -el USS Iwo Jima- partiera para Irak, decidieron casarse por civil nuevamente por si a él le pasaba algo, con el fin de que ella pudiera reclamar su cuerpo y para poder recibir beneficios médicos para la familia, entre otras cosas.

“Cuando el regresó al año, luego de estar más de nueve meses fuera en el mar, tuvimos una boda en la iglesia con nuestra familia”, indica Vivian.

Hoy Vivian y Esdras viven con sus cinco hijos en Long Island(condado de Suffolk). Ella obtuvo su maestría y él dejó el Ejército.