Para muchos el beneficio llega a destiempo

Guía de Regalos

Para muchos el beneficio llega a destiempo

Segunda de una serie de dos partes

En el caso de YannickGrijalba, su familia viajó en avión con visas de turista de Guatemala a la ciudad de Nueva York en 2000.

La familia se trasladó posteriormente a Fairfield, California, donde Grijalba, el mayor de sus hermanos, se convirtió en estudiante ejemplar y se integró al equipo de lucha de una secundaria local.

A la mitad del penúltimo año de la escuela, Grijalba tuvo una riña con otro alumno de la escuela por una chica. El pleito resultó en un cargo de agresión ante un tribunal para menores.

Maibe Casalins, una abogada de inmigración con sede en Miami, dijo que alguien como Grijalba aún podría cumplir los requisitos del cambio de política ya que los registros juveniles no son considerados una condena criminal bajo las leyes de inmigración. Las cortes de inmigración estadounidenses dan amplio margen a los fiscales y agentes para determinar si un individuo tiene el derecho de quedarse.

Grijalba continuó estudiando en el centro de detención juvenil y esperaba graduarse para asistir después a un colegio universitario municipal y conseguir un título de mecánico. Como algunos de los otros jóvenes latinoamericanos deportados, Grijalba cree que la oportunidad de una buena educación está entre las cosas más importantes que ha perdido.

“Habría conseguido un trabajo, ahorrado e ido a una universidad para estudiar arquitectura”, dijo.

En cambio, los agentes de inmigración lo deportaron semanas antes de que terminara su curso.

Desempleado y sin dinero, Grijalba está de nuevo en la Ciudad de Guatemala, un lugar que apenas reconoce. Vive con su tía, dos tíos y un primo en una casa en el centro de la capital.

En Argentina, Nahuel Tedesco, de 22 años, desea que la decisión de Obama hubiera llegado hace dos años, cuando estudiaba en Florida.

Cuando se incrementó la oleada de crímenes violentos en Argentina tras la suspensión de pagos de deuda y la devaluación a finales de 2001 y principios de 2002, la familia de Tedesco decidió que era hora de irse del país.

La familia se instaló en Miami, donde el padre y hermano de Tedesco trabajaban en la construcción y restaurantes, mientras que su madre ganaba dinero como niñera. Nahuel, de 12 años, iba a la escuela.

“Fue una gran época. Fueron los mejores años de mi vida”, afirma Tedesco.

Los otros integrantes de su familia fueron deportados en 2009, señaló, después de que recibieran una carta en la que se ordenaba su comparecencia ante un tribunal de inmigración.

Como estaba inscrito en la Universidad Miami Dade, Tedesco decidió quedarse para continuar con sus clases mientras su familia partía hacia su natal Argentina.

Sin embargo, meses después, Tedesco recibió la misma carta. Apenas logró ampliar su permanencia un par de semanas para lograr el título en ingeniería en programas de computadoras. Se marchó de Estados Unidos en mayo de 2010.

“Me hubiera gustado que las cosas hubieran salido de otra manera, que los beneficios hubieran sido implementados antes”, dijo.

De vuelta en Buenos Aires, Tedesco dijo que le era difícil adaptarse en un lugar en el que no vivía desde los 12 años. Lo contrataron en un centro de atención telefónica del que fue despedido porque cerraron el lugar.

“Tardé varios meses en darme cuenta de lo que estaba sucediendo”, señaló.

Al igual que Tedesco y otros inmigrantes que pasaron buena parte de su niñez en Estados Unidos y que fueron deportados recientemente, Stephany Ramírez, de 22 años, también buscó trabajo en un centro de atención telefónica debido a su dominio del idioma inglés.

Aunque había vivido en San Diego desde que iba en el sexto grado, Ramírez decidió voluntariamente volver a México el año pasado y establecerse en Tijuana para ganar algo de dinero. Dijo que estaba cansada de vivir con miedo a la deportación y no cumplía con los requisitos para recibir ayuda económica para pagar su matrícula en una universidad estadounidense.

Sin embargo, esperaba volver a San Diego después para reunirse con su familia y seguir su educación. “Es demasiado difícil estar aquí sola”, afirmó.

De haberse quedado del lado norte de la frontera, Ramírez habría podido beneficiarse del cambio de política, pero dado que no estaba en Estados Unidos cuando Obama hizo el anuncio el viernes, no es elegible.