Desacato contra Holder

La decisión, como la investigación, está viciada de partidismo

El congresista Darrel Issa (R-CA) cree que la Administración Obama es “el Gobierno más corrupto de la historia” y que la Operación “Rápido y Furioso” es una estrategia para atacar la Segunda Enmienda que permite la posesión de armas de fuego en Estados Unidos.

Este es el insólito punto de vista del presidente del Comité de Supervisión Gubernamental de la Cámara de Representantes, que esta semana recomendó presentar cargos de desacato contra el secretario de Justicia, Eric Holder, por no entregar toda la documentación solicitada. Por su parte, el presidente Obama respondió a las previas amenazas de desacato contra Holder, declarando por primera vez privilegio ejecutivo sobre los documentos.

La acción del panel legislativo es extraordinaria. Ningún Secretario de Justicia fue jamás declarado en desacato y esta es la tercera vez en 30 años que un panel legislativo envió esta recomendación al pleno de la Cámara. La reacción es exagerada y solo comprensible bajo el clima de partidismo polarizado que predomina en el Congreso.

Existe un claro antagonismo de la bancada republicana contra Holder, quien desde su cargo ha defendido el voto de las minorías al oponerse a las nuevas leyes electorales estatales restrictivas, a defender la ley federal contra el matrimonio del mismo sexo y por reafirmar la autoridad federal sobre las leyes migratorias de los estados.

A esto hay que sumarle la presión de los cabilderos de la Asociación Nacional del Rifle. Los mismos que han ayudado a convertir la narrativa de una investigación fallida sobre contrabando de armas a México en un ataque contra el derecho de todos los estadounidenses a poseer armas de asalto. ¡Qué absurdo!

Quizá lo más claro del tono partidista de la investigación legislativa es la decisión de ignorar el hecho de que el origen de “Rápido y Furioso” está en operaciones previas de la Administración Bush y en evitar cualquier conversación sobre leyes de armas. La pesquisa tiene fronteras estrictas ideológicas y políticas.

Se anticipa que la Cámara de Representantes vote la semana que viene sobre la recomendación de desacato y que los argumentos de Issa sean los que predominen.

Esperamos un poco más de cordura para que la Cámara Baja no haga el ridículo de otra Cámara de mayoría republicana que votó por el juicio político al expresidente. Pero este es un año electoral y eso nubla toda lógica razonable.