Engañosa movida migratoria

Una maniobra brillante de Obama en inmigración que perjudica a los inmigrantes

El reciente anuncio de inmigración del presidente Obama es una patraña moral y una movida política maestra.

Obama sostiene que su Gobierno ya no deportará a jóvenes inmigrantes ilegales, si cumplen ciertos requisitos -a saber, si son menores de 31 años, vinieron al país cuando tenían menos de 16 años, no han sido condenados de ningún delito mayor, se han graduado de la escuela secundaria, asisten a la universidad o se incorporan a las Fuerzas Armadas.

Naturalmente, tanto la izquierda como la derecha están bastante estimuladas. Y sin embargo, si uno escucha el debate, está claro que ninguno de los dos bandos comprende lo que ocurrió -y, lo que quizás es más importante, lo que no ocurrió.

El motor de la izquierda es la esperanza y el de la derecha, el temor. Pero ambas llegaron al mismo lugar: una total distorsión de la realidad. Los liberales -específicamente, los electores latinos que están a favor de la reforma migratoria y han sido abandonados por Obama en los últimos tres años y medio- están tan desesperados por tener finalmente al Presidente por el que votaron que cada vez que Obama les lanza un hueso, lo ven como un bistec para la cena. Los conservadores -y más notablemente, los nativistas a quienes les inquieta que el país esté siendo invadido y “latinizado” barrio por barrio- están tan convencidos de que Obama está actuando contra el mejor interés de la nación que, cada vez que da un pasito en política migratoria, dicen que está yéndose a la izquierda.

Primero, comprendamos lo siguiente. No importa lo que digan los medios, esta no es realmente una política nueva. La estrategia migratoria de Obama es como un restaurante que, de tanto en tanto, tiene un “gran estreno” con la esperanza de que el truco incite interés y atraiga clientes. Pero con la inmigración, lo único que Obama está tratando de atraer es el voto latino.

En marzo de 2011, Obama dijo a Jorge Ramos, de Univisión, que su Gobierno había “vuelto a concentrar sus esfuerzos en los que han cometido actos penales” para que “no vayamos por ahí haciendo redadas de estudiantes”. El presidente llamó a toda acusación de que estaban deportando jóvenes habilitados para la “DREAM Act” -los que podrían adquirir categoría legal asistiendo a la universidad o incorporándose a las Fuerzas Armadas- “completamente falsa”.

En junio de 2011, el director del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, siglas en inglés), John Morton, emitió un memorando interno informando a agentes y fiscales de ICE en el ámbito local, que utilizaran su facultad discrecional para no deportar a individuos que cayeran en ciertas categorías, entre ellas, jóvenes que asistían a la escuela. Debe señalarse que Morton tiene uno de los trabajos de seguridad más difíciles, porque debe reconciliar la suave retórica de Obama con la dura realidad establecida por la secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano. Parte de esa realidad, según el Washington Post, son las cuotas para el número de deportaciones que el departamento espera lograr cada mes.

Los comentarios de Obama no eran ciertos. Nadie hizo caso al memorando de Morton. Entonces ahora, con los bombos y platillos típicos de un año electoral, el Presidente afirma que su Gobierno dejará de hacer algo que no debería estar haciendo: deportar estudiantes.

Hay cuatro instancias de asistencia para inmigrantes ilegales -no deportarlos, proporcionarles permisos de trabajo, concederles residencia permanente y otorgarles la ciudadanía. La primera cae en el ámbito de la rama ejecutiva, y las últimas dos, de la legislativa. La cuestión de los permisos de trabajo es territorio disputado, y tendremos que ver qué opinan sobre eso los tribunales. Obama ofreció una suspensión de las deportaciones y la concesión de permisos de trabajo, pero lo que realmente importa es la residencia y la ciudadanía.

La izquierda piensa que el último anuncio de Obama significa que estos jóvenes son ahora estadounidenses plenos, que pueden perseguir sus sueños, escoger cualquier carrera que deseen y permanecer en el país por el resto de su vida. La derecha está designando la medida como una “amnistía” para inmigrantes ilegales, que socava el estado de derecho, usurpa el poder del Congreso y amenaza a los trabajadores estadounidenses.

Nada de eso es cierto. Ambos bandos suponen que la decisión tiene más peso del que realmente tiene. Básicamente, lo que ha hecho Obama es ofrecer a estos jóvenes un permiso de trabajo de dos años, nada permanente. Y eso ha creado falsas esperanzas.

Los latinos deben ser cuidadosos en no reconocerle a Obama más mérito del que se merece. Y los críticos del Presidente deben ser cuidadosos en no ir tan lejos en sus ataques, haciéndole el juego a Obama y convenciendo a los latinos de que las migas que les han ofrecido es el máximo que obtendrán de cualquiera de los dos partidos.

Qué brillante maniobra del Presidente -y para los jóvenes inmigrantes ilegales, qué cruel.

…Comentarios a ruben@rubennavarrette.com © 2012, The Washington Post Writers Group