Aprendices son las nuevas estrellas de la construcción

Una muestra fotográfica se enfoca en cuatro jóvenes que han obtenido un aprendizaje de un sindicato de la construcción y entrado a un oficio con respeto y un buen salario.
Aprendices son las nuevas estrellas de la construcción
De niña, la mamá de Stephanie Ortega la llamaba como el personaje de TV 'Bob el constructor'.

Stephanie Ortega se arrodilló en el suelo, empujó su peso corporal contra la pared exterior de una casa en el Este de Los Ángeles con un taladro en las manos, y apretó sus dientes por unos segundos mientras la herramienta eléctrica penetraba un agujero.

“Me da una adrenalina cuando taladro”, expresó Ortega, de 20 años, con una sonrisa al hacer otro agujero al otro lado de un tubo para un tanque de agua. “Me da la energía para seguir trabajando todo el día”.

Así es un día típico en la vida de Ortega y de innumerables otros trabajadores de la construcción, cuatro de los cuales son las estrellas de la muestra fotográfica Un día en la vida de un trabajador presentada la semana pasada en el Solidarity Ink Gallery Space de Lincoln Heights. La muestra puede ser vista en Internet.

Participantes en programas de aprendizaje ofrecidos por sus respectivos sindicatos, los cuatro sujetos en la muestra no solo reciben entrenamiento en sus lugares de empleo, sino que también se benefician de una política para mejorar los trabajos de construcción para la clase media por parte de organizaciones como la Alianza para una Nueva Economía en Los Ángeles (LAANE por sus siglas en inglés).

En el caso de Ortega, quien había dejado la universidad para cuidar a su madre que tiene leucemia y su hermano que tiene cáncer de hueso, el programa de aprendizaje la ayudó a entender cuál era su carrera ideal.

“Mi madre me llamaba [como el personaje animado de televisión] ‘Bob el Constructor’ cuando era chica porque destruí mi Xbox para construirlo de nuevo”, relató. “Hacer la perforación es similar, es como si estuviera destruyendo algo para arreglarlo”.

Entrar a un programa de aprendizaje es muy competitivo, pero tiene muchos beneficios, según Anne Marie Otey, portavoz del Concejo de Oficios de Construcción de los Condados de Los Ángeles y Orange, la organización que agrupa a los sindicatos de construcción que los ofrecen.

“La ventaja principal para los jóvenes en particular es que les da estructura y respeto dentro del sindicato, los presenta a las personas mayores en el oficio”, indicó.

Además de beneficios de salud, ser parte de un sindicato asegura que los miembros ganen más que la mayoría de los trabajadores de construcción, a los que se les paga entre 8 y 10 dólares por hora, dijo el supervisor de Ortega, Art García, de 57 años, gerente de construcción para LA CAUSA, que ofrece clases del oficio.

Al empezar su primer trabajo de tiempo completo, un graduado del programa de aprendizaje puede ganar unos 26 dólares por hora y hasta 38 dólares por hora con más experiencia, explicó García.

Para mantener y conseguir más salarios dignos para los trabajadores de la construcción, LAANE -que organizó la muestra- logró aprobar una política dentro del Departamento de Obras Públicas del Condado de Los Ángeles a finales del 2010, dijo Jackelyn Cornejo, analista política de la organización. Dicha política resultó en beneficios de salud y que el 30% de los puestos de trabajo para proyectos locales fueran a personas económicamente desfavorecidas.

Gracias a esa política, gente con potencial como Ortega tiene la oportunidad de entrar al oficio, dijo García.

“Somos muy afortunados de tener a Stephanie”, expresó García. “Ella ha superado a los muchachos. ¡Le decimos que siga adelante!”

Otra estrella en la exhibición que participa en el programa de aprendizaje de trabajadores de hierro es Luis Jaimes, de 26 años. El residente del Sur de Los Ángeles que tampoco se graduó de la universidad y ganaba el salario mínimo como un conductor de camiones de remolque, dijo que su trabajo en construcción no sólo le ayudó a él, sino que también a su familia.

El año pasado, pudo ganar 58 mil dólares y ha abierto un fondo para pagar la universidad de su hijo.

“El trabajo no es tan difícil, no requiere ser un cirujano de cerebro, pero sí es pesado y a veces repetitivo”, contó Jaimes. “Pero no cada trabajo paga lo que estoy ganando ahorita”.

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