Hay que votar

Mi lista de lavandería sobre el discurso de Romney frente a la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados (NALEO) incluye las siguientes ideas:

– La reforma migratoria es un imperativo moral y económico.

– La nación no se beneficia cuando padres e hijos no viven bajo el mismo techo.

– El sistema migratorio está roto y le cuesta tiempo y dinero a las familias inmigrantes.

– La medida administrativa del Presidente Obama sobre los soñadores sería reemplazada por una medida a largo plazo.

– Se debe engrapar una tarjeta verde a los diplomas de educación superior de los extranjeros.

– Si Romney gana va a resolver el problema de la inmigración de manera resuelta y civilizada.

– Se debe conceder estatus legal a quienes se unan al Ejército.

– Se necesita una frontera inquebrantable, un sistema de verificación de salida de quienes llegan con visas y un sistema de verificación laboral.

Llámenme cínico, pero poniendo todas las ideas juntas, me parece que habló de cualquier cosa, menos de una reforma migratoria comprehensiva que incluya una vía de legalización para los inmigrantes no autorizados. El discurso fue tan bueno, que nos hizo creer que efectivamente lo hizo. Pero como lo planteó, la única solución que presentó fue que los abuelitos que han estado aquí por 25 años sin papeles se unan al Ejército para ganarse su legalización.

Y es que si ponemos todas sus ideas dentro del contexto de su propia retórica durante la campaña republicana en las primarias, podríamos entender que “el imperativo moral y económico” es la deportación de todos los ilegales, ustedes saben, la ley ante todo.

Y cuando habló de mantener a las familias unidas, insisto, llámenme cínico, pero lo primero que se me vino a la cabeza es la idea del ala radical republicana que plantea que cuando se deporte a un inmigrante no autorizado, su familia se debe ir con ellos, aunque sean ciudadanos estadounidenses.

¿Y qué significa “una salida civilizada”? La autodeportación es vista como una salida civilizada por muchos en su partido.

Tampoco me convence su declaratoria de que reemplazará la medida de Obama por una solución a largo plazo, teniendo en cuenta que ha repetido hasta la saciedad que legalizar a estos jóvenes sería hacerles un regalo inmerecido.

Y el problema de Romney no es lo que dijo antes, lo que dice ahora, ni lo que dirá después. Su mayor problema es “dime con quién andas y te diré quién eres”. Sus asociaciones no son las mejores, si no veamos a sus amigos en materia migratoria, Kris Kobach, Janet Brewer, Rusell Pearce, Joe Arpaio, para qué seguir.

Además, otro de sus problemas es el silencio que guarda cuando gente como Steven King compara a los inmigrantes con perros o cuando los líderes de su partido Lamar Smith y John Boehner le dan paso a medidas antiinmigrantes en el Congreso.

Amable lector, llámeme cínico, pero regístrese y vote.

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