Hay que soñar despiertos

Todos sabemos por experiencia propia que la adolescencia es un período difícil. Hay que bregar con el acné, la libido, esos días del mes, afeitarse todos los días, estar al tanto de los sneakers de última moda, memorizar la letra del rap más atrevido, creer que ya lo sabemos todo y un sinfín de otros desafíos y obstáculos que se encuentran a lo largo del camino hacia la adultez.

Por lo tanto, no debería sorprendernos las reacciones de algunos jóvenes ante el anuncio del memorándum del presidente Obama que detendrá las deportaciones de cientos de miles de los llamados “dreamers” y hasta les permitirá obtener un permiso de trabajo.

Algunos mocosos entrevistados en programas de televisión se han manifestado con tanta arrogancia y desagradecimiento que si yo fuera Janet Napolitano les daría una pescozada y los mandaría a esperar su turno? en la cola de deportados.

Por supuesto que la acción del Presidente no resuelve el problema de inmigración a largo plazo, ni para los “dreamers” ni para el resto de los indocumentados. Es solo una medida temporal para tomar aliento y continuar la lucha para lograr que el Congreso apruebe la ley del “DREAM Act” y la de reforma integral una vez pasen las elecciones presidenciales.

Pero casi ninguno de los entrevistados que se quejaron de que el alto a las deportaciones y el permiso de trabajo no son suficientes mencionó un plan de acción. Ni uno dijo: “Yo no puedo votar, pero haré todo lo posible para que los que puedan votar, voten”. Ni uno dijo: “Ahora le toca actuar al Congreso y vamos a seguir empujando”. Todo era “yo, yo, yo”.

He escrito antes sobre los efectos negativos de constantemente idealizar a todos los indocumentados en los medios latinos, y en el proceso hacerlos creer que todos y cada uno de ellos merecen la amnistía y la ciudadanía y que le besen los pies. La actitud de algunos de esos jóvenes entrevistados es producto directo de esa idealización.

Ellos piensan que se lo merecen todo, que el país les debe los documentos y el futuro. Pero la realidad es que el país está corto de bandejas de plata para llevar ofrendas a todo el que las pida. Lo primero que debe aprender un aspirante a ciudadano estadounidense es que aquí, teóricamente, nadie le debe nada a nadie y se supone que si nos caemos, debemos ponernos de pie halando los cordones de nuestros zapatos.

A pesar de que las encuestas muestran que una mayoría de la población (o al menos de los encuestados) está a favor del “DREAM Act” y del paso que ha dado el presidente Obama, la escasez de empleos deja un mal sabor en la boca de muchos ciudadanos desempleados.

No cabe duda de que los estudiantes que fueron traídos por sus padres cuando eran menores merecen un tratamiento especial que les permita quedarse en el país. Al mismo tiempo, todos los que llevan años luchando para que esto suceda, incluido el Presidente, merecen un “gracias de corazón” y una promesa de ahora llevar la lucha al ruedo del Congreso, que tiene la última palabra.

Un poco de humildad no vendría mal tampoco.