Puras migajas

Como muchos, me alegré al escuchar el anuncio del presidente Obama de que su administración había tomado la decisión de no deportar a aquellas personas que hayan entrado al país ilegalmente cuando eran menores de edad; en otras palabras, a esos jóvenes indocumentados que hoy llamamos “dreamers” -“sonadores”- porque ansían poder quedarse en este país en el que se han criado y con el cual ya se identifican plenamente.

Estos muchachos son americanos. Muchos no conocen su país de origen y tampoco hablan su idioma natal. Y es injusto que se les penalice por una infracción a la ley que ocurrió cuando eran menores de edad o por la cual no son directamente responsables.

Bajo esta nueva regla del Departamento de Seguridad Interna, de acuerdo al Instituto de Política de Migración, aproximadamente 1.4 millones de jóvenes se beneficiarían. Se estima que de estos, alrededor de medio millón, tienen menos de quince años de edad.

Aunque le doy la bienvenida a esta nueva norma porque les brinda algún alivio a estos jóvenes que sufren y viven en ansiedad día a día por el miedo de ser deportados, debo señalar que este remedio es uno temporal y, francamente, deficiente. Esta acción administrativa no les da un status legal a estas personas. Los deja en un limbo indefinido. Estos muchachos se merecen más que meramente saber que no van a ser removidos.

No obstante, el presidente Obama prefirió jugar a la política con las aspiraciones y esperanzas de estos jóvenes, en vez de ejercer su liderato y acudir al Congreso para buscar una solución permanente y real para ellos. En vez de darles pan, les ofrece migajas.

El presidente alega que tuvo que actuar de esta manera pues, según el, los republicanos se han opuesto a votar a favor del llamado “DREAM Act “, el proyecto de ley que regularizaría a estos jóvenes que quieren estudiar o servir en las fuerzas armadas. Como evidencia menciona el voto en contra de esta medida por todos los senadores republicanos en el 2010.

El presidente no nos dice la verdad. En primer lugar, el “Dream Act” se trajo a votación en el Senado durante lo que se conoce como la sesión “lame duck”, esos últimos dos meses de la sesión legislativa después de unas elecciones en la es muy difícil aprobar un proyecto de ley.

Más aún, la Casa Blanca y el liderato demócrata en el Congreso tampoco les hicieron un acercamiento serio a los republicanos para discutir la medida. Sencillamente se presentó para un voto a favor o en contra, sin que se les permitiera a los republicanos presentar enmiendas como algunos querían.

La presentación del proyecto no fue más que una movida política para asegurarse que los republicanos votaran en contra de la medida y así poder hacerlos quedar mal ante el electorado latino. No había una intención auténtica de pasar esta ley.

La Casa Blanca y los demócratas en el Congreso sabían que los latinos estaban sumamente molestos con el presidente por incumplir su promesa de empujar una reforma migratoria durante el primer año de su mandato y necesitaban hacer algo para tratar de cambiar la narrativa sobre el tema y así tratar de volver a echarse en el bolsillo a nuestra comunidad.

En los pasados dos años, como entonces, el presidente no ha propiciado una discusión abierta y honesta con el liderato republicano sobre el tema de inmigración, mucho menos sobre el “Dream Act”. Pensémoslo: sabiendo que el senador republicano Marco Rubio ha estado en los pasados meses proponiendo la idea de presentar un “Dream Act” alternativo, ¿no podía el presidente llamarlo para tratar de crear el consenso bipartidista que se necesita para aprobar esta legislación?

La verdad es que, desde que comenzó su mandato, el Presidente Obama ha usado el asunto de la inmigración exclusivamente para fines políticos, para tratar de congraciarse con los votantes latinos y para tratar de pintar a los republicanos como los malos de la película.

La reacción del candidato republicano a la presidencia, sin embargo, ha sido verdaderamente esperanzadora. El Gobernador Mitt Romney en su discurso de la semana pasada ante la Asociación Nacional de Oficiales Latinos Electos (NALEO por sus siglas en ingles) criticó la decisión de la administración por ser una temporal y se comprometió a trabajar con demócratas y republicanos para buscar soluciones permanentes al problema de la inmigración a través de legislación.

Romney propuso darles un paso a la ciudadanía a aquellos jóvenes indocumentados que desean servir en las fuerzas armadas. También propuso eliminar las cuotas para los cónyuges e hijos de residentes permanentes para que estos puedan entrar al país inmediatamente como inmigrantes y eventualmente hacerse ciudadanos.

En noviembre los votantes latinos podrán, por tanto, escoger entre un presidente que no puede y no quiere trabajar con el Congreso para pasar legislación que provea soluciones constructivas y permanentes al problema migratorio y un candidato republicano que sí está comprometido a hacerlo.