Relaciones familiares: la capacidad de pedir perdón

Pedir perdón es una de las acciones que más trabajo nos cuesta llevar a cabo porque implica reconocer que nos hemos equivocado.
Relaciones familiares: la capacidad de pedir perdón
La capacidad de pedir perdón y perdonar debe ser entendida como un puente hacia relaciones fraternas de más calidad.
Foto: AP

“Lo reconozco, lo que le hice a mi hermana no tiene nombre y a pesar de que le he pedido perdón muchas veces, siempre me repite lo mismo: “que te perdone Dios, porque yo no puedo”, dice Melissa antes de continuar con su historia: “Elisa tenía 23 años y yo 17, nunca nos habíamos llevado muy bien y hasta puedo decir que había cierta competencia en todos los campos, creo que las dos buscábamos que así fuera. Una vez yo estaba muy preocupada porque tenía la sospecha de estar embarazada y ella lo sabía, así que frente a nuestros padres empezaba a insinuar cosas sobre el tema y eso me llenaba de angustia, temía que fuera a decir algo”.

Después de hacerse los estudios pertinentes, Melissa se enteró que no estaba embarazada y con su tranquilidad llegaron también muchos planes para vengarse de su hermana, sólo tenía que descubrir que era lo que más podía lastimar a su hermana y cuando lo supo fue directo al grano.

“Ella estaba muy enamorada de su novio y se me hizo muy fácil empezar a coquetearle cada vez que iba a la casa o le llamaba por teléfono, él nunca respondió a las provocaciones y más aún, se lo dijo a Elisa, que no dudó en decírselo a mi madre, pero obvio no le creyó e incluso tuvieron un problema muy fuerte y dejaron de hablarse por mucho tiempo, actualmente su relación es muy lejana. En su momento me reclamó y yo lo negué, pero en el fondo ambas sabíamos que sí lo había hecho. Le he pedido perdón a los dos, Héctor me perdonó y entendió que en ese momento era muy inexperta, pero mi hermana es incapaz de hacerlo pese a que han pasado 5 años”, comparte Melissa.

Cuando el perdón se niega

Pedirlo es una de las acciones que más trabajo nos cuesta llevar a cabo porque implica reconocer que nos hemos equivocado y más aún: que la otra persona tiene la razón. Pensamos que el hecho de tomar esta iniciativa representa de alguna forma reconocernos vulnerables hacia el otro y claro, preferimos fingir que nada pasa y que la vida sigue su curso. Sin embargo, cuando hemos logrado deshacernos de estos prejuicios, aceptamos nuestra responsabilidad para pedir perdón, pero éste es negado, nos podemos enfrentar a un verdadero problema que nos afecta profundamente.

“Nuestra relación con el perdón la basamos en el hecho de que somos nosotros quienes debemos otorgarlo, pero cuando nos toca solicitarlo y no se nos concede tiene un impacto en nuestros sentimientos y emociones, al grado de no permitirnos vivir en paz, ya que hay una sensación de impotencia y culpabilidad que si no manejamos adecuadamente afectará la forma en que nos relacionamos con los demás y en casos extremos hasta en cómo afrontamos la vida”, dice la psicóloga Mariana Rivera.

¿Lo hiciste de corazón?

Melissa en su intento por alcanzar el perdón, habló con su mamá, le dijo la verdad y en distintas ocasiones en el seno familiar, ha ofrecido disculpa a su hermana, pero Elisa siempre la ignora pese a que Héctor le ha pedido que deje atrás la historia y trate de mejorar la relación con su hermana.

¿Qué queda para Melissa? La especialista explica que en cualquier caso, lo más importante es empezar por perdonarse a uno mismo y esto consiste en aceptar el error que no es lo mismo que justificarse por haberlo cometido. “Se traduce en reconocer la responsabilidad que nos corresponde y el daño que causamos, esto nos prepara a dar el siguiente paso que es solicitar el perdón con honestidad y con la intención de reparar de alguna forma nuestro error”.

No siempre tenemos la fortuna de encontrar nobleza en la persona que ofendimos y aunque esto hace más complicado el proceso, también es posible alcanzar la tranquilidad propia, aun cuando no nos otorguen el perdón.

Mariana Rivera afirma que una señal inequívoca de que asumimos la responsabilidad que nos toca, es cuando logramos obtener un aprendizaje de esa experiencia y lo tenemos presente para no volver a cometerlo nuevamente. El perdón por parte del otro depende de su voluntad y en ese campo, nosotros no tenemos poder, pero no por ello debe ser un factor que nos robe la tranquilidad, lo importante, insiste, es ser honesto al momento de analizar y de ofrecer disculpas y sobre todo, recordar que recibirlas o darlas no tiene tiempo de caducidad por lo que hay que estar dispuesta al diálogo cuando la oportunidad se abra.

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Dirige Roland Joffe

Inglaterra, 1986.

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Colaboración de Fundación Teletón México.

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