Golpe en Paraguay

Estados Unidos respaldo la acción contra el presidente Lugo de Paraguay

En apenas 24 horas y de forma sorpresiva, el presidente Fernando Lugo fue destituido por el Senado de Paraguay que lo halló culpable de “mal desempeño” de sus funciones debido a las muertes ocurridas en el desalojo de una finca en Curuguaty el 15 de junio pasado.

Lo releva el exvicepresidente Federico Franco del Partido Liberal.

Se trata de un “golpe de Estado encubierto”, opinó la Organización de Estados Americanos. Semejante a lo sucedido en Honduras en 2009, cuya finalidad es anular el proceso democrático que iba avanzando en los últimos años

En reacción, ningún gobierno sudamericano ha reconocido al nuevo poder nacido en Paraguay.

¿Por qué derrocaron a Lugo?

Fernando Lugo es señalado como el primer presidente de izquierda en Paraguay, quien con su elección – 2008– puso fin a 61 años de hegemonía del derechista Partido Colorado, sostén de la dictadura del general Alfredo Strossner (1954-1989).

La conspiración contra el presidente paraguayo, el ex obispo Lugo, inició el mismo día en que triunfó en las elecciones presidenciales.

En los pasados tres años la confrontación entre el gobierno popular de Paraguay y la oposición derechista ha implicado no sólo recurrentes amagos de juicio político (hubo 24 intentos por destituirlo), sino también el bloqueo sistemático a las políticas de transformación social, política y económica propuestas por Lugo para superar los rezagos que padece Paraguay, y que lo mantienen como el segundo país más pobre del cono sur.

En Paraguay, el 80% de las tierras cultivables está en manos del dos por ciento de la población, mientras miles y miles de campesinos son despojados de sus terrenos.

Lugo no pudo hacer gran cosa por la reforma agraria, pero consiguió implantar un sistema de salud que permitió a la mayor parte de la población obtener medicina de forma gratuita. También concedió subsidios para más de 20,000 familias que viven en la extrema pobreza y llevó el desayuno y el almuerzo gratuito a las escuelas públicas.

Sin partido propio, sin una bancada parlamentaria relativamente importante que lo respaldase, con una base de apoyo amplia en el campesinado, pero dispersa y desorganizada, Lugo dependió siempre de su frágil alianza con el partido del vicepresidente Federico Franco, el Liberal Radical, el cual es sumamente conservador y representa a un sector de los terratenientes.

Tardíamente, Lugo intentó crear un partido-frente: el Frente Guasú (“grande”, en guaraní). Pero todas las derechas paraguayas, respaldadas desde la sombra por Washington, no quisieron dejar ningún espacio para que el centroizquierda se organizase y tratase de mantener el gobierno.

El pretexto para acelerar el golpe fue la matanza de Curuguaty; donde las fuerzas armadas agredieron a campesinos, que se defendieron, con un saldo de 17 muertos entre policías y campesinos y 80 heridos.

En tiempo record se armó un juicio político sumarísimo al presidente Fernando Lugo, sin permitirle mayores prerrogativas para su defensa (se le dio menos de un día para ejercerla) y en un Senado donde no contaba con mayoría, Lugo fue destituido por el Senado de su país.

La matanza de Curuguaty fue una trampa montada por una derecha que estaba esperando el momento propicio para acabar con un régimen que pese a no haber afectado a sus intereses abría un espacio para la protesta social y la organización popular incompatible con su dominación de clase.

Lugo llevaba casi cuatro años en el poder y le faltaban 14 meses para terminar su periodo de cinco años.

La Jerarquía Católica paraguaya jugó fuerte a favor de la destitución de Fernando Lugo. El obispo Claudio Giménez, de Caacupé, confesó a los periodistas, sin ruborizarse, que le pidieron a Lugo que renunciaseEl Partido Colorado, que perdió las elecciones de 2008 frente a Lugo, luego de mantenerse durante sesenta años en el poder, pretende volver al Poder Ejecutivo de la república.

Pero el “golpe” no es sólo contra Lugo, sino contra América Latina, contra el proyecto de integración democrática, que es la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).

Fernando Lugo, además, era presidente pro tempore de Unasur y el golpe contra él es, por tanto, un nuevo golpe de la derecha paraguaya contra la integración sudamericana, después de la negativa del Congreso paraguayo de aceptar a Venezuela en el Mercado Común del Sur (Mercosur) y de la resistencia a integrar el Bancosur.

Y es que detrás del golpe está Washington. Paraguay es clave para controlar el acuífero Guaraní, la reserva de agua más grande del mundo, que abarca su territorio y partes del brasileño, el argentino y el uruguayo. En Paraguay está también la base militar estadunidense en Estigarribia, que controla la zona de la Triple Frontera argentino-brasileña-paraguaya.

Un gobierno paraguayo ligado a la Unasur y en particular influenciado por el eje brasileño-argentino, es contrario al interés de EEUU. De ahí la luz verde para un golpe que repite los métodos, algo mejorados, empleados hace poco en Honduras.