Silencio de Romney

No deja de ser preocupante para los demócratas, y en especial para la comunidad hispana, el "silencio" de Romney

No deja de ser preocupante para los demócratas, y en especial para la comunidad hispana, el “silencio” de Romney. Esto es, el que se haya negado en tres consecutivas ocasiones, a responder la pregunta que se le hizo. En específico: ¿Qué haría con la propuesta del presidente Obama sobre los “dreamers”, en el supuesto caso de que ganase la presidencia en las elecciones de noviembre?

El silencio no significa, únicamente, la ausencia de sonido. También se puede inferir como ausencia de pronunciamiento, de resolución o de respuesta de los políticos al respecto a las preguntas que se les hacen, especialmente en temas tan álgidos, como la que se le hizo a Romney, y que no respondió.

No quiso contestar la pregunta, porque la respuesta es más que obvia: Trataría de anularla. Y el declararlo, por ahora, le restaría votos de los ilusos votantes que le apoyan, y dañaría la campaña de proselitismo que adelanta en nuestra comunidad, prometiéndoles lo que nunca les va a cumplir.

Él sabe muy bien, que aunque el voto hispano no es definitorio en unas elecciones holgadas, sí lo es cuando son estrechas, como serán las de noviembre. Esta es la razón de su taimado silencio, propio de los deshumanizados políticos republicanos, y sus seguidores, que él abandera.

El silencio de este señor -valga la analogía- es similar al que usan los depredadores en la selva: Se quedan completamente quietos, casi sin respirar, hasta que su presa se confía, y puedan caerles encima.

Ojalá que los votantes demócratas así lo entiendan, especialmente los hispanos. Entiéndanlo: No nos podemos confiar. Votemos en masa. Votemos Demócrata. Somos mayoría. No permitamos, con nuestro voto, de que la decisión final sea tomada por la Suprema Corte de Justicia, porque estaríamos perdidos.