Una victoria para todos

Es un fallo histórico que ayuda a quienes respaldan y critican la reforma de salud
Una victoria para todos

El fallo de ayer de la Suprema Corte es una decisión histórica. Un triunfo para todos los estadounidenses, para los que poseen y los que carecen de seguro de salud.

Es una acción que ahorrará angustias, dolor y perdida de vidas a consecuencia de las normas restrictivas de las aseguradoras para dar cobertura médica.

Las cláusulas más importantes de la Ley de Acceso al Cuidado de la Salud fueron ratificadas como constitucionales, ampliando la cobertura de salud para decenas de millones de personas. Las mismas que hoy viven con la posibilidad real de una enfermedad que los lleve a la bancarrota.

El impacto que tiene la falta de un seguro médico es muy bien conocido en la comunidad latina la cual posee el mayor porcentaje del país de personas sin cobertura médica.

Al mismo tiempo, el individuo y el paciente, ahora gozan de nuevas protecciones legales frente a las crecientes restricciones de cobertura de las aseguradoras a pacientes con seguro médico asegurados y a las personas con condiciones médicas preexistentes.

Todo esto será posible porque los jueces confirmaron la legalidad de poder obligar a todos los estadounidenses a tener un seguro médico. Esta es una cláusula imprescindible de responsabilidad personal, necesaria para que funcione una estructura que todavía depende del sistema privado de seguros.

Cabe recordar que la ley en realidad fue una reforma de la cobertura médica en vez de cambiar el sistema de salud. Dejó en pie la estructura privada, a pesar de la falsa acusación lanzada en su contra de que esta es una intervención del gobierno federal.

Por otra parte, el fallo debe acelerar el proceso -ya avanzado en California- de implementar el mercado (exchange) de seguros y otros diversos aspectos de la ley. Siempre nos preocupó que los indocumentados hayan sido excluídos de la cobertura; así deja en manos de los estados la forma de fortalecer, por ejemplo, una red de clínicas comunitarias que atienda a estos pacientes.

Este decisión fue también una victoria monumental para el presidente Obama, que desafió las advertencias de amigos y enemigos de no gastar en la ley de salud un valioso capital político cuando hay otras prioridades como la economía.

La apuesta del mandatario dio resultado. Su desafío es convencer a un electorado mayormente escéptico -que no se considera tocado por la reforma- que esta es no es una invasión del gobierno y que tiene beneficios concretos para el individuo.

Esta es una realidad ineludible que intenta ser tapada por los críticos republicanos; aquellos que ven en esta decisión la oportunidad de convertir la elección en un referendo sobre la ley de salud. Esto pondrá aprueba la capacidad del mandatario para comunicar a los votantes los efectos positivos que realmente tiene la ley.

Al fin y al cabo, serán los electores quienes -después del fallo de la Suprema Corte- los que decidan en noviembre si la ley debe seguir implementándose como lo desea Barack Obama o si debe eliminarse por completo como lo propone Mitt Romney.