Alegan que secta religiosa destruye municipio mexicano

Alcalde denuncia que los miembros de ese grupo se rigen por un reglamento cuyo cumplimiento cuidan los llamados “policías celestiales”

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Alegan que secta religiosa destruye municipio mexicano
Los detractores sostienen que la "secta católica disidente" busca rescatar la vida "tradicionalista religiosa".
Foto: Archivo

México, 13 de Julio – Dos escuelas fueron destruidas en Turicato, en el oeste de México, por un grupo radical religioso que amenaza con “destruir la convivencia”, denunció hoy a Efe el alcalde de la localidad, Salvador Barrera.

De acuerdo con la máxima autoridad local, la comunidad Nueva Jerusalén, que se asentó hace aproximadamente 35 años en el municipio de Turicato, en el estado de Michoacán, con la creencia de que se trataba de un lugar sagrado, está integrada en su mayoría por personas de otros estados con un “perfil educativo bajo”.

La “secta católica disidente” busca rescatar la vida “tradicionalista religiosa”, de manera que celebran sus misas en latín, cantan durante la noche y el día y se rigen por un reglamento hecho por ellos mismos que cuidan los llamados “policías celestiales”, sin permiso legal para desempeñar esa función, y que a veces “viola” los derechos constitucionales, explicó Barrera.

“El hecho de poder transitar de manera libre es imposible, hay retenes que lo impiden. Se dan retenciones de personas, hace poco recluyeron a una pareja de novios sin haber cometido ningún delito y les cobraron”, relató.

En total unas 2,500 personas viven en Nueva Jerusalén, de ellos, en los últimos seis años el 40% decidió abandonar las costumbres tradicionalistas, lo que, según el alcalde, está dando lugar a conflictos dentro de la comunidad.

El último ha sido la demolición la semana pasada de seis aulas didácticas, seis baños y todo el mobiliario de dos escuelas, instalaciones a las que posteriormente prendieron fuego.

Con esta acción dejaron a la comunidad sin los centros educativos, uno de preescolar y otro de educación primaria, por considerarlas, según Barrera, “escuelas del demonio”.

“El argumento es irrisorio. A mí me queda claro que en una institución educativa se crean mentes analíticas, críticas y se tiene una aspiración de vida mayor, entonces ven perdidas las posibilidades bajo un pueblo educado de seguir controlando a capricho a los habitantes de la Nueva Jerusalén”, aseveró.

Al frente de este grupo religioso, que cobra a sus seguidores un salario por semana y venera a la Virgen del Rosario, se encuentra un líder espiritual que se hace llamar “obispo Martín de Turs”, y que desde hace cinco años relevó en el cargo al iniciador de esta secta, “papa Nabor”.

Barrera cifra en 400 millones de pesos ($29 millones) las pérdidas materiales por la destrucción de las escuelas, a las que asistían aproximadamente 200 alumnos, pero considera que eso podría ser lo de menos pues el problema mayor sucederá si no se actúa de inmediato.

“La pérdida más grande podría ser la latente posibilidad de que la paz sea desbordada y puedan lamentarse decesos si no se toman cartas en el asunto”, indicó el alcalde.

Denunció que en el momento en el que se produjeron los hechos recurrieron “desesperadamente” a las fuerzas de seguridad estatales de Michoacán pero las mismas no acudieron hasta una hora y media después del suceso, cuando el daño ya estaba hecho.

Ayer durante una reunión con el gobernador del Estado de Michoacán, Fausto Vallejo, acordaron aunar esfuerzos para “encuadrar a la comunidad en el marco legal”.

Dijo que el apoyo se traducirá en “patrullas las 24 horas del día” para apartar al “cuerpo celestial”, como ellos mismos llaman a su propia policía comunitaria, y que el estado michoacano se responsabilice de la seguridad en la zona.

Los problemas no son nuevos, pues según confirma la autoridad municipal, en 1999 varios miembros de la secta fueron expulsados por negarse a cumplir reglas internas que ordenaban entregar a las niñas y mujeres para el servicio sexual del líder espiritual.

“Esta Administración ha hecho todos los esfuerzos por evitar un derrame de sangre. Sin embargo, es inminente e impostergable la intervención del Estado (de Michoacán) para que este problema adquiera una solución a corto plazo”, dijo Barrera.