Rubio merece otro trato

El senador Rubio merece la oportunidad de explicar sus opiniones sobre la inmigración

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Cuando Marco Rubio se avino a tener recientemente una entrevista con Jorge Ramos, de Univisión, el vehemente intercambio fue un gran espectáculo televisivo. También despertó simpatía por Rubio e hizo que Ramos pareciera poco profesional.

Y pensar que podría no haber ocurrido. El año pasado, hubo un entredicho entre Rubio y la cadena de televisión de lengua española. El Miami Herald informó que el jefe de noticias de Univisión había ofrecido a miembros del personal de Rubio un acuerdo: Si el senador se avenía a aparecer en “Al Punto” -el programa de los domingos por la mañana presentado por Ramos- y a hablar sobre la inmigración, la división de noticias suavizaría, o incluso eliminaría, la vergonzosa historia sobre la condena del cuñado de Rubio por tráfico de drogas, en 1987. Los ejecutivos de Univisión negaron haber presentado esa oferta, pero los editores del Herald afirman su versión.

La entrevista también dejó en claro qué difícil es ser un funcionario hispano electo, del que se espera contantemente -especialmente en los medios en español que tienden a defender a los inmigrantes- que haga lo imposible para responder a las exigencias de los inmigrantes ilegales, la mayoría de los cuales son también hispanos.

¡Detengan la cinta! Que un grupo de gente que no debería estar en este país, para empezar, y que no tiene derecho legal a permanecer en él, tenga exigencias de cualquier tipo es uno de los absurdos del debate de la inmigración.

Rubio afirmó algo similar durante la entrevista, reiterando lo que ha dicho en otras oportunidades sobre cómo no existe el derecho de inmigrar ilegalmente y a cuántos estadounidenses les irrita que los inmigrantes ilegales en Estados Unidos tengan la sensación de que tienen derecho al tipo de vida que creen merecer. Eso involucra algo más que esperar una categoría legal. Para algunos, incluye todos los beneficios de la ciudadanía estadounidense -sin condiciones que cumplir ni preguntas que responder.

No, gracias. Ya hay suficientes ciudadanos estadounidenses que creen merecer derechos. No necesitamos que los inmigrantes comiencen a adoptar esas maneras.

Son observaciones valiosas por parte de Rubio. El senador está en lo correcto. El debate de la inmigración no es un debate sobre derechos, ni expectativas, ni sobre lo que la gente cree merecer. Es sobre qué es lo mejor para Estados Unidos.

Personalmente, pienso que lo mejor es un camino a una categoría legal ganada para muchos, pero no para todos, de los que se estima que son 10 millones de inmigrantes indocumentados en este país. Otros estadounidenses piensan de otra manera y exigen murallas más altas y más deportaciones. Sostenemos ese debate pero -por más que parezca duro- los inmigrantes ilegales no tienen voto en este asunto. Y cuando se olvidan de eso, y comienzan con exigencias, dificulta de sobremanera el trabajo de los que promueven sus intereses.

Ramos, nacido en México, no pareció comprender nada de esto e inquirió por qué Rubio no es más elocuente en la defensa de los inmigrantes ilegales. Por ejemplo, preguntó el periodista, ¿cómo puede ser que Rubio no apoye la “legalización de los indocumentados”? Rubio trató de interponer que, de hecho, que sí apoya la legalización de algunos inmigrantes ilegales bajo ciertas circunstancias. Sólo piensa que el asunto es más complicado de lo que los defensores de la reforma migratoria integral desean admitir.

Mientras Rubio trataba de expresar sus ideas, Ramos repetidamente lo interrumpió para poder expresar las suyas. Esto fue más que una entrevista, un interrogatorio. Una y otra vez, Ramos dejó en claro que esperaba algo mejor del hijo de inmigrantes cubanos.

A diferencia de muchos cubano americanos, no se puede considerar a los padres de Rubio como “refugiados” porque vinieron a Estados Unidos antes de que Fidel Castro asumiera el poder en 1959. Ramos quiso saber cómo un hijo de inmigrantes no “defendía a los más pobres, las víctimas más perseguidas, los más vulnerables” -entre los que están los indocumentados. Rubio recordó a Ramos que sus padres vinieron legalmente. Entonces, no hay comparación.

No valió de nada. No lo comprendieron.

Para muchos defensores de los inmigrantes, Rubio ya tiene dos puntos en su contra. Se opuso a la versión original de la Ley DREAM, que podría haber brindado categoría legal y un camino a la ciudadanía estadounidense a inmigrantes indocumentados que asistieran a la universidad o se incorporaran a las fuerzas armadas. Y apoyó la ley de inmigración de Arizona.

Para al que le interese, pienso que las posiciones de Rubio están invertidas. Debería apoyar la Ley DREAM y oponerse a la ley de Arizona. Pero tiene derecho a estar equivocado.

Rubio merece la oportunidad de explicar sus opiniones sobre la inmigración. Ramos y Univisión no se la dieron.