Cudahy, otra más

En los últimos días ha comenzado a revelarse otro escándalo en una pequeño municipio, suburbio de Los Angeles: Cudahy, la segunda entidad más pequeña del condado, de poco más de 1 milla cuadrada en tamaño pero densamente poblada con casi 24,000 habitantes, 96% de ellos latinos, muchos de ellos inmigrantes.

En la misma tradición de otras ciudades satélite de Los Ángeles y cerca geográficamente de varias de ellas: South Gate, Vernon, Lynwood y la más reciente, Bell, ahora surgen acusaciones que suenan del todo familiares. Se habla de sobornos, fraude electoral, amenazas y ataques contra posibles retadores en las urnas. Se cuenta de elecciones canceladas por “falta de candidatos”, pero se sabe de al menos un candidato al que en su momento le lanzaron un coctel molotov contra su vehículo. No en vano no había “candidatos” para las elecciones, permitiendo la reelección automática de los que ya estaban.

¿Qué pasa en estas ciudades? Para empezar, pocos votantes y menos mecanismos de control institucional. Poblaciones cambiantes y relativamente nuevas, inmigrantes que apenas se están integrando o que no pueden votar porque aún no son ciudadanos. Un grupo cerrado de gobernantes que se pagan y se dan el vuelto y que dispensan favores y sobornos con la misma ligereza con la que los reciben, para mantener las bocas cerradas o conseguir cómplices.

Una verdadera desgracia que, de nuevo, requiere la pregunta: ¿por qué Cudahy es una ciudad independiente cuando al parecer no es capaz de un mínimo de control democrático sobre sus instituciones? ¿Cuántas más de estas pequeñas ciudades inundadas por la corrupción existen en nuestra área? Las respuestas, por el momento, quedarán en el aire.