Aumentos de mal gusto

Mientras el Consejo Administrativo de la Universidad Estatal de California discutía el efecto que podría tener en su sistema otra ronda de recortes estatales -y frente a protestas sobre una educación cada vez más cara para los estudiantes- se aprobaron aumentos de sueldo para tres nuevos rectores del mismo.

Mientras reconocemos que un buen profesional con la responsabilidad de manejar una gran universidad debe ser bien compensado, pensamos que es el peor de los momentos, simbólica y moralmente, para hacer cualquier aumento de salario a los máximos líderes de este sistema educativo.

La excusa es que el aumento proviene de una fundación privada. La razón, dicen, es que sólo el dinero puede comprar el talento necesario para manejar el sistema educativo. Habrá que decirle eso a los educadores cuyos salarios están congelados y a los estudiantes, la fuerza laboral y profesional del futuro, que ya no pueden costear su educación, cada vez más inalcanzable. ¿Será que solo aplica para los rectores esta máxima?

El aumento de los tres rectores, incluyendo a Mildred García, de Cal State Fullerton y Leroy Morishita, de Cal State East Bay, fue del 10%, lo que los coloca en un nivel salarial de 324,500 y 303,660. Esto no es lo único que ellos reciben: hay un pago adicional por vehículo y un buen paquete de beneficios.

Quizá hubiera sido mejor esperar a que se solventara la actual crisis. Este tipo de decisiones enerva a los votantes de California. Solo hay que leer los comentarios de los lectores en los reportes de prensa sobre este asunto para saber que esto no ayuda al objetivo del gobernador Jerry Brown de aprobar un aumento de impuestos en noviembre para atacar el déficit presupuestal del estado. A veces es más importante una acción simbólica, pero moral, que genere confianza en los ciudadanos y en los alumnos, a los que se pide más y más sacrificios en momentos difíciles.