Jennifer López evidencia que lo mejor que hizo fue divorciarse

Sube al escenario como la nueva super heroína de las hispanas en EE.UU.
Jennifer López evidencia que lo mejor que hizo fue divorciarse
J.Lo durante el concierto del viernes en Newark.
Foto: VMP / ImpreMedia

Nueva York – Para que un periodista de espectáculos pueda evaluar el concierto con el que Jennifer López regresa a los escenarios, tiene que conocer su carrera; sino termina criticándola -como han hecho algunos- porque al parecer esperaban a Tania Libertad, Celine Dion o Lucecita Benítez.

No señor. Desde sus comienzos, se sabe que la Diva de El Bronx no canta como ángeles -bueno, tal vez para sus gemelos- ni su voz está revestida de matices. Jennifer López es una “showwoman” que desde 2001, cuando grabó su concierto en Puerto Rico, ha crecido sobre el escenario. Así lo demostró anoche y el viernes cuando se presentó junto a Enrique Iglesias en el Prudential Center de Nueva Jersey.

Lo primero que evidenció al pisar el escenario fue que su mejor decisión en la vida fue divorciarse de Marc Anthony. Si él era quien la tenía controlada, que sus fans prendan velas de agradecimiento al cielo porque se dejaron.

La Jennifer López que ahora llegó a nuestro vecindario está, como dirían en Puerto Rico, “suelta como gabete”. En ningún momento del espectáculo deja de demostrar que se lo está gozando. Se menea y remenea como lo hacía en sus tiempos su compatriota, la vedette puertorriqueña Iris Chacón. Ambas nacieron con ese talento de estremecer sus enormes nalgas con maestría, movimiento que respaldan con infartantes azotes de cadera y sensuales giros de cintura.

Mira a la Chacón en sus tiempos:

Con razón la arena del coliseo estaba llena de parejas que incluían hombres entrados en sus 50, 60 y más, y lesbianas. No obstante quienes dominaban la audiencia eran muchísimas mujeres, en grupo, mayores de 30 años. Para ellas -y lo escribo porque era el comentario general al terminar la función- J.Lo es su estrella, su ejemplo a seguir.

Es como muchas. Hija de inmigrantes, residente de El Bronx, vino de abajo. A fuerza de errores, pero con disciplina se ha convertido y reconvertido en estrella. Es millonaria, ha salido con cuantos hombres ha querido -hispanos, anglo, afroamericanos-, se ha casado y divorciado tres veces y cumple 43 años este martes 24 luciendo un cuerpo de infarto tras haber dado a luz a los gemelos Max y Emme.

Lo de ella no es cantar un tema que llegue al alma. Lo de Jennifer es poner al público a gozar bailando como profesional mientras interpreta temas que no requieren una enorme calidad vocal, pero que con pegajosos coros y ritmos hacen saltar de la tumba a un muerto.

Así lo deja establecido en este retorno que deja a muchos deseando ver su próximo proyecto.

En cuanto a Enrique Iglesias, no se puede escribir mucho. Aunque sí hay que reconocer que a fuerza de darle besitos a las nenas, poner al público a jugar con enormes bolas inflables, cantarle “Hero” a una joven rubia de pelo largo estilo “Kournikova” y subir al escenario al cubano gay Danny, de 50 años, logró mover en algo a la audiencia.

Pero, lamentablemente, su público principal no es el mayor de 30 años que fue el que en su mayoría pagó hasta $280 por un boleto para ver algo de calidad, donde el intérprete cantara un tema completo, sin tener que recurrir a pausas para lograr algo de interacción de la audiencia.

Al menos dos “gallitos” se le salieron. Es Enrique … Iglesias. Con eso está todo dicho.