No hay partido limpio

El Sr. Felipe Ramos, de Bellflower, Ca., me escribió una airada carta, disgustado por unos comentarios que hice que él interpreta como apoyo al PRI de México.

Entre otras cosas me dice: “Le sugeriría que trabaje con mas ética profesional”; “deje de ser un palero del PRI”; “me doy cuenta de que usted [soy yo] tiene muy poco conocimiento de lo que es [son] los Estados Unidos Mexicanos gobernados por el PRI” (sic).

Don Felipe: Mil gracias por leerme; sin hacerlo no podría usted estar tan disgustado conmigo; además le agradezco la oportunidad de hablar no solo de lo que he visto y vivido, sino de lo que he sido y soy, cosa que nunca hago porque es poco interesante para mis lectores.

Empezaré con un consejo que puede servirle a muchos: nunca escriba cuando está enojado. Y si lo hace no mande su carta hasta el día siguiente. Seguramente verá las cosas con mas tranquilidad y se evitará situaciones embarazosas.

Recuerde que las palabras se las lleva el viento, lo escrito ahí queda para la historia y las palabras gruesas no son argumentos, son solo desahogos.

Hay que aprender a manejar el desacuerdo; saber hacerlo sin molestarse por las opiniones de terceros es difícil arte de gente civilizada.

Tengo buenos amigos con cuya manera de pensar nunca he estado de acuerdo y nos reunimos con frecuencia para decírnoslo.

Don Felipe: mi posición ante los políticos de México es de rechazo. Me ofende la corrupción casi general, la prepotencia y el abuso del poder y como no hay partido limpio… no defiendo a ninguno.

Aprovecho la oportunidad que me da su carta para hablar un poco de mi trayectoria.

Hasta antes de retirarme y durante 50 años participé en la política empresarial y en la partidista en México.

Fui por cuatro años vicepresidente de la Confederación de Cámaras de Comercio (CONCANACO) y presidente nacional, por nueve años, de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles; he sido director general de grandes empresas en el ramo turístico, etc.

En el campo político fui miembro del PRI durante varios años; actué como secretario general de la Federación Turística y Gastronómica de la CNOP.

También estuve en el sector público. Fui enviado especial del Gobierno mexicano a Yugoslavia y encabecé una mision Mexicana a China. Manejé como presidente y director general una gran empresa estatal: Nacional Hotelera.

El Gobierno mexicano me envió a los Estados Unidos a gerenciar Aeromexico, primero en los Ángeles (Me tocó manejar el lamentable accidente de Cerritos) y después, desde Houston, todo Estados Unidos y Canadá.

Traté personalmente a varios presidentes de México: Lic. Alemán (mucho), Díaz Ordaz (poco, solo por mi amistad con Medina Ascencio, gobernador de Jalisco), Luis Echeverría (mucho, como representante patronal en juntas infinitas en Los Pinos y como invitado personal en sus viajes a Cuba y Japón), López Portillo (muchísimo. Era yo parte de su equipo de trabajo), Miguel de la Madrid (suficiente, cuando él era miembro del gabinete de López Portillo), Carlos Salinas de Gortari (bastante, cuando fue presidente del IEPES y yo de su Comisión de Turismo).

No quiero decir con todo lo anterior que no me pueda equivocar en mis juicios políticos, pero trato de evitarlo.

Y, don Felipe, el haber sido miembro del PRI no me hace deshonesto, como usted parece sugerir. A los 93 años de edad sigo trabajando para tener ingresos que me permitan vivir bien; si hubiera sido deshonesto seria millonario.

Dicho todo esto, vamos a hablar un poco de López Obrador y de las recientes elecciones en México.

Yo lo conocí en persona cuando mi esposa y yo fuimos invitados a Tabasco a la toma de posesión, como gobernador, del Ing. Rovirosa Vade.

López Obrador era un joven amable que le pisaba la sombra.

Por muchos años él, y casi todos los políticos viejos, incluso los que actualmente militan en otros partidos, fueron miembros del PRI.

Las elecciones de hace seis años y las de este nada tienen en común. Entonces la diferencia de votos entre Calderón y López Obrador era de solo unos cientos, ahora entre Peña Nieto y López Obrador lo es de 3.3 millones.

Entonces las autoridades se negaron a recontar los votos de ciertas casillas como López Obrador demandaba, ahora se recontaron todas y el resultado no varió.

Hace seis años muchos creyeron en la posibilidad de un fraude electoral, pero los decepcionó López Obrador con sus paros e invasiones de vías públicas. Este año su camino es el de los tribunales. Declaró (Julio 16) que no lanzará a nadie a las calles y que desaprueba las manifestaciones de los jóvenes del llamado #YoSoy132.

¿Es solo una más de sus muchas promesas, o esta vez piensa cumplirla?

¿Trata López Obrador de cambiar su imagen y actuar como representante de la segunda fuerza política del país?

Ojalá, porque muchos estábamos preocupados recordando lo sucedido hace seis años cuando, por meses, se vivió en la ciudad de México como en una población sitiada.

Es curioso que algunos de los que antaño manipularon las elecciones, y saben como, ahora se quejan de ser victimas de lo mismo… y eso no se vale, dicen.

Ahora los tribunales tienen la palabra, pero será difícil que cambien el dictamen del IFE y Peña Nieto es casi seguro el futuro presidente de México.

Saludos, don Felipe…