Mujer sin límites: Un clavo saca otro

Después de una ruptura amorosa en la que te dejaron el corazón hecho pedazos, el alivio más recetado por todos los que te quieren es que adquieras un martillo con un par de clavos y te dicen: “Despreocúpate, un clavo saca a otro clavo”.

¿Realmente funciona este remedio? Como todo en la vida, unos alegan que sí y otros que no. Yo opino que, martilleando un nuevo clavo, puedes terminar acabando con un “dedo machucado”.

Cuando se acaba un romance por una traición, celos enfermizos, porque se acabó el amor, una muerte, o la razón que sea, nuestro corazón se encoge de sufrimiento como una pasita porque pensamos que nunca volveremos amar o ser amados de la misma forma.

Pero te advierto: por más ahogado que te sientas luego de acabar con tu ex, tarde o temprano saldrás a la superficie y podrás respirar nuevamente. Te aseguro que todos somos capaces de superar un desamor.

Pero el error que cometen muchos tras una ruptura es involucrarse rápidamente en otra relación para enmascarar el dolor y olvidarse de lo sucedido. En vez de pasar por el sufrimiento de un corazón partido y la soledad que conlleva esta situación, buscan a otro amante para ignorar el tormento que sienten, justificando que “un clavo saca a otro clavo”.

El problema es que no puedes tener una relación saludable con nadie hasta que no hayas curado las heridas que sufriste en el pasado.

Cuando ignoras tu dolor, tarde o temprano pagas las consecuencias.

Es como si te partieras el tobillo y antes de que sane la fractura, decides ponerte unos tacones para ir bailar. Tu atrevimiento, no solo te hará bailar coja, sino que también atrasará el proceso de sanación.

Asimismo sucede en el amor: si tu corazón tiene una herida profunda y te apresuras a entrar en una nueva relación, en vez de curarte, nunca acabarás de sanarte.

Tanto la lesiones físicas como la emocionales necesitan tiempo para curarse. La señal de que estás listo para desarrollar una relación saludable es cuando dejas de comparar a tu ex con una nueva pareja.

Ten paciencia. Conozco de gente que, por tantos clavos que usaron, acabaron bien crucificados.