En Brooklyn, aprenden inglés ‘como defensa propia’

El objetivo de las clases es que los asistentes aprenden un segundo idioma usando conceptos para enfrentar situaciones de abuso, como laboral o de vivienda
En Brooklyn, aprenden inglés  ‘como defensa propia’
Estudiantes del taller que les permite aprender un segundo idioma usando conceptos para enfrentar situaciones de abuso, como laboral o de vivienda.
Foto: Zaira Cortés / EDLP

Brooklyn.- Reyna Tolentino admite que le cuesta explicar en inglés a sus vecinos cómo preparar tamales de hoja de plátano, pero se siente más confiada a la hora de exigir a su casero mejores condiciones de vivienda.

La mujer de 48 años, tiene cerca de seis meses asistiendo a clases gratuitas de inglés en la iglesia Holy Cross Parish, en el vecindario de Flatbush. Pero lejos de aprender el idioma con situaciones convencionales como el clima, la mexicana emplea frases que tienen que ver con sus derechos más fundamentales.

“Logré hablar sin miedo. Me siento capaz de defenderme ante un casero irresponsable o un empleador abusivo”, dijo Tolentino. “Aprender inglés al mismo tiempo que mis derechos me dio las armas para no ser víctima de injusticias”.

El taller es impartido por la organización Nueva York Comunidades por el Cambio (NYCC) con fondos de Cosortium For Workers Education (CWE). El objetivo de las clases es que los asistentes aprenden un segundo idioma usando conceptos para enfrentar situaciones de abuso, como laboral o de vivienda.

Cerca de 60 estudiantes –la mayoría latinos– toman la clase que inició hace más de un año. Alexandra García, organizadora de NYCC, comentó que los alumnos aprenden a defenderse en inglés en caso de robo de salarios y horas extras, problemas de vivienda y a pedir ayuda al enfrentar violencia doméstica o un arresto.

García apuntó que los padres aprenden a conversar con los maestros acerca de las notas de sus hijos y los trabajadores conocen vocabulario relacionado con sus empleos.

“Las trabajadoras de casa desarrollan habilidades para hacer un trato justo con sus empleadores, al mismo tiempo que conoce el salario minio que deben recibir”, enfatizó García.

Este podría ser el caso de Rosi Gómez, de 40 años, quien acude a la clase desde su inicio. La trabajadora de casa comentó que ya no teme demandar un trato y salario digno.

“Antes no entendía y me quedaba callada, pero ahora sé que tengo derechos y que hay leyes que me protegen”, comentó con orgullo. “Finalmente entendí que los migrantes debemos educarnos si queremos alcanzar una mejor vida en este país”.