No hay mejor alimento para bebés

Desconozco si a Michael R. Bloomberg su mamá lo amamantó cuando bebé. No sé si alguno de los lectores sabe si fue beneficiario de la lactancia de su progenitora. En mi caso mi madre ya no recuerda si me abastecí de su pecho.

Si sé que la abuela de mi esposa trajo al mundo ocho hembras y seis varones y el primer alimento que les proveyó a los 14 niños fue la leche de sus senos. Como doña Juana lo hizo en Caguas, Puerto Rico, hay millones de mujeres que también lo hicieron en nuestros respectivos países.

Estas mujeres no necesitaron de la determinación de la Organización Mundial de Salud o de la UNICEF para saber que la lactancia “es una forma inigualable de facilitar el alimento ideal para el crecimiento y desarrollo correcto de los niños”.

Ahora tenemos que en NYC se ha suscitado una ola de indignación con la propuesta del alcalde Bloomberg de que a las madres recién paridas se le inste a que lacten a sus bebés.

Se le acusa al mandatario de querer imponer nuevamente su criterio en asuntos personales sobre la salud de los neoyorquinos. Claro está que he sido un feroz crítico de Miguelito en más ocasiones de las que él y sus fanáticos desearían.

Sin embargo, en esta ocasión como también lo hice cuando el alcalde ha impuesto limitar el fumar en lugares públicos, en lugares de trabajo o en restaurantes y el controlar los tamaños de gaseosas por el alto nivel de azúcar opino que Miguelito está correcto.

En lo único que discrepo con la medida de Miguelito es que la orientación a la mujer embarazada acerca de los beneficios de la lactancia materna debe comenzar desde su primera visita al médico que la atenderá durante el periodo de gestación.

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