Distracciones

Obama trata desesperadamente de cambiar el tema de discusión pública

Hace cuatro años, el entonces candidato Barack Obama nos prometió que nos sacaría del hoyo económico en el que nos encontrábamos y, que en el proceso, fomentaría la creación de cientos de miles de empleos. El señor Obama nos dijo, además, que si no lograba hacer esto en tres años, su incumbencia en la Casa Blanca, sería “una proposición de un término”.

Pues, bien, a más de tres años del comienzo de su mandato, y aunque técnicamente hemos salido de la recesión, la economía se encuentra prácticamente paralizada, creciendo a un ritmo demasiado lento -1.5% en el último trimestre- y el desempleo ha aumentado exponencialmente, estancándose a alrededor de 8%al día de hoy.

Para los latinos la situación es aún peor. El nivel de desempleo es mucho más alto que el promedio nacional. De hecho, en el mes de junio el desempleo entre los latinos aumento de 10.3% a 11%.

A pesar de este estancamiento -y en el caso de los hispanos: un empeoramiento- en el desempleo, el Presidente, al reaccionar a estas estadísticas, asombrosamente declaró que “eran un paso en la dirección correcta”. (¡Esperemos que el presidente tenga un muy mal sentido de la dirección!).

Ante la ausencia de una verdadera recuperación económica durante los pasados tres años, el Presidente claramente está preocupado de que su propio pronóstico se haga realidad y que en noviembre se convierta en un mandatario de un solo término. Es por esto que ahora trata desesperadamente de cambiar el tema de discusión pública.

En vez de explicarnos por qué no pudo cumplir con sus promesas de campaña en el campo económico, el Presidente nos trata de distraer con una retórica de lucha de clases, según la cual él es el defensor de la clase media, mientras que su oponente, el gobernador Romney, representa la clase adinerada que quiere amasar más riquezas a costa de la clase trabajadora. Y, si hay desempleo, no es por sus políticas fallidas, sino por la avaricia de ricos como Romney.

La campaña de Obama señala continuamente que Romney es rico -como si esto fuera un pecado- y busca insistentemente que divulgue sus planillas contributivas de los pasados 10 años para hacer pública toda su fortuna y tratar de argumentar que no tiene nada en común con el ciudadano promedio. (Curiosamente Obama no ha entregado a la prensa su record médico y universitario como han hecho todos los candidatos a la presidencia en el pasado).

Parte de la estrategia es criticar el desempeño de Romney como fundador y principal oficial ejecutivo del fondo de inversiones de Bain Capital, argumentando que esta firma se dedicó a desbandar compañías americanas y enviar empleos al extranjero. De llegar a la presidencia, nos sugieren, haría lo mismo que hizo en Bain.

Este argumento, sin embargo, es totalmente falso. Bain tiene un historial sumamente exitoso e impresionante en ayudar a crear algunas de las más importantes compañías como Staples y the Sports Authority, y ha contribuido a crear cientos de miles de trabajos en Estados Unidos. Como dijo el ex presidente demócrata Bill Clinton, el record de Bain es “impecable”.

Obama, por otra parte, no es quien para criticar a firmas como Bain. Gracias a las políticas económicas de esta Administración -de más regulaciones y más impuestos- millones de trabajos se han ido al extranjero.

En su afán de responsabilizar a aquellos que él considera ricos por la grave situación económica, el Presidente ahora vuelve a proponer aumentarles los impuestos a las familias que ganan más de $250 mil dólares. Específicamente, quiere extender por un año los recortes contributivos que se aprobaron durante la Administración Bush únicamente a aquellas familias que ganan menos de 250 mil dólares.

Siguiendo una retórica de corte socialista, Obama insiste que las familias que ganan más de dicha cantidad deben pagar su “proporción justa” de impuestos. Obama, sin embargo, parece no entender que muchas de las familias que ganan más de $250 mil dólares no son ricas en lo más mínimo, sino que pertenecen más bien a la clase media que él dice que quiere defender. También ignora que las familias que ganan más pagan la mayoría de todos los impuestos recaudados. En el 2009, las personas que ganaron $112 mil dólares o más -un 10% de todos los contribuyentes- pagaron el 71% de todos los impuestos recibidos por el Servicio de Rentas Internas.

De más esta decir que esta propuesta de ninguna manera ayudaría a revertir la crisis económica. Todo lo contrario: la empeoraría. De acuerdo a un estudio realizado por la reconocida firma Ernst & Young, la propuesta de Obama haría que se perdieran 700,000 empleos.

En su cruzada en contra de la clase adinerada, el Presidente incluso ha llegado a hacer declaraciones en defensa de una mayor intervención del Gobierno en nuestras vidas, que parecen ataques a los principios de responsabilidad e iniciativa individual característicos del sistema de libre empresa de nuestro país. En un discurso reciente el Presidente, haciendo referencia a los empresarios que comienzan y desarrollan sus propias compañías, dijo: “Si usted tiene una empresa, usted no la construyó. Alguna otra persona logró que eso sucediera”.

Si bien es cierto que el Gobierno nos ayuda en nuestras vidas proveyendo ciertos servicios básicos -educación, infraestructura, etc.-, el éxito de un empresario no depende del Estado, sino de su propia iniciativa, de su creatividad y del sudor de su frente. Esto es, en fin, en lo que se basa el sueño americano.

Preocupado por sus posibilidades de ser reelecto, el Presidente apuesta a dividir para conquistar. Pero ni los ataques personalistas a Romney ni la embestida en contra de las personas que han tenido éxito económico nos deben distraer de la realidad: que la economía está muy mal y que, gracias al Presidente, esta no mejora.