Liza logra superarlo todo

Problemas técnicos no afectan show en el Bowl

La semana pasada empezó con una dramática noticia para el mundo del espectáculo: el compositor y arreglista Marvin Hamlisch murió tras una breve enfermedad.

Su fallecimiento fue recibido con notable emotividad por parte de aquellos artistas que vieron como sus carreras se beneficiaron de su asociación con el compositor de The Way We Were, como la cantante de este tema, Barbra Streisand, o Liza Minnelli.

Esta, en su regreso al Hollywood Bowl el sábado por la noche –en una de las veladas más calurosas que allí se recuerdan– no dejó de recordar a quien definió como su mentor, quien cuidó de su voz y carrera a lo largo de cinco décadas.

Desafortunadamente, la emoción de la jornada no pudo extenderse de la forma deseada debido a una serie de problemas técnicos que afectaron al sonido del Bowl, de ahí que el concierto empezara con 40 minutos de retraso –y sin esos problemas solucionados–, lo que provocó la reducción del programa y la eliminación del intermedio habitual en el lugar.

Minnelli, a sus 66 años, sigue siendo un torbellino de arte y pasión.

No importó que, como ella relató, saliera al escenario –tras disculparse por el retraso– con un hombro dislocado (después de haberse roto las caderas, una rodilla y un tobillo en ocasiones previas), lo que la obligó a cantar varias canciones sentada.

Tampoco fue un problema que, en ocasiones, su voz no alcanzara el tono habitual al que tenía acostumbrados a sus fans (de los que algo más de 12,200 se reunieron en el Bowl), algo que resultó evidente en temas como Liza with a Z.

Como ella misma ha dicho más de una vez, si no se puede cantar una canción, hay que actuarla, y si no se puede actuarla, hay que cantarla.

Liza hizo todo eso y mucho más.

Contó anécdotas, viajó a través del tiempo para destacar su amistad con Hamlisch o Fred Ebb, el compositor de Chicago, el musical, quien la convenció para que liderara su reparto en los escenarios de Broadway después de que la actriz estrella, Gwen Verdon, “se tragara una de las plumas de su vestuario” y cancelara su participación, según afirmó…

Y, por supuesto, entonó melodías de ayer, de hoy y de siempre, algunas de las cuales forman parte de su más reciente álbum, Confessions, como You Fascinated Me So, el clásico He’s a Tramp y On Such a Night As This, que incluyó una aplaudida referencia a su madre, Judy Garland.

Los siete miembros de su banda, liderada por el pianista Billy Stricth, quien ha acompañado a Minnelli durante los últimos 21 años, arroparon a la cantante de forma simplemente extraordinaria, destacando en Best Friend (tema de Chicago, que interpretó en ese momento como si estuviera en la piel de la protagonista, Roxie Hart), el maravilloso What Makes a Man a Man, de Charles Aznavour, Maybe This Time (con un solo de trompeta arrebatador), World Goes ‘Round y, no podían faltar, Cabaret y New York, New York, donde su voz estuvo a la altura de las circunstancias.

El homenaje a Marvin Hamlisch –arreglista de la inolvidable banda sonora de The Sting–, llegó con canciones como Here I’ll Stay (en el que Liza dio lo mejor de sí misma), Shine on Harvest Moon y, como cierre de la velada, y a capella, I’ll Be Seeing You, que dejó sin aliento a los espectadores.

No importaron el drama personal ni los percances sonoros.

Liza Minnelli llegó, cantó, actuó y triunfó, con una profesionalidad y un arte que resultan aún hoy inimitables.

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