¡Otra vez Brewer!

La acción contra los "soñadores" perjudicará a todos en Arizona
¡Otra vez Brewer!

El antagonismo hacia los indocumentados de la gobernadora Jan Brewer, de Arizona, parece ser ilimitada. Cualquier movimiento en el frente del asunto migratorio causa una reacción visceral, producto de una visión de rencor y temor hacia los indocumentados.

Sino como explicarse que el mismo día en que comenzó el proceso para acogerse a la deportación diferida, ella haya emitido una orden ejecutiva para prohibir que estos beneficiarios tengan acceso a la asistencia pública estatal, como a la identificación estatal, incluido el privilegio para conducir vehículos.

En el universo de Brewer y sus seguidores, estos jóvenes y menores de 31 años de edad que fueron traídos a Estados Unidos sin su consentimiento por sus padres, son hordas listas para saquear las arcas públicas. Esta es una reacción exagerada por donde se la mire, especialmente cuando no hay nada indicando que puedan tener acceso automáticamente a beneficios públicos ni a licencia de conducir.

Con respecto a la regulación estatal de no dar permiso para manejar, los residentes de Arizona serán los perjudicados al impedir que desarrollen su potencial al colocar obstáculos a su transporte.

Aunque le desagrade a Arizona la deportación diferida, estos beneficiarios no son deportables, así que ya deberían ir aprendiendo a lidiar con realidades de una manera más positiva.

Pero a esta altura, Arizona se ha convertido en una parodia política con Brewer, el sheriff Joe Arpaio, y un reparto de personajes secundarios que combinan ignorancia con oportunismo político para sostener el contínuo hostigamiento a los inmigrantes. Hasta el equipo de la NFL, los Cardinals de Arizona, fueron la primera franquicia de la liga que institucionalmente dio dinero a un político, al donar 5,000 dólares al JANPAC, en apoyo a la gobernadora.

La elección que destituyó al autor de la SB1070, Russell Pearce el año pasado, despertó una tibia esperanza de sentido común en Arizona. Pero ni eso, ni la inconstitucionalidad de la gran mayoría de esa ley, parece calmar el extremismo rabioso de Brewer hacia la inmigración.

Hemos pensado desde el principio que el temor y el odio hacia los inmigrantes indocumentados iba a perjudicar a Arizona. Hoy después de la orden ejecutiva de Brewer estamos más convencidos que nunca del impacto negativo en general de esta política.