Los chistes más viejos

los chistes tiene en común la intención de romper tabúes y un cierto grado de rebeldía

El acto de reír le lleva un semestre al bíblico Matusalén, patrono de los viejos. Buena parte de la risa se origina en chistes que son tan viejos como el olvido y el mal aliento.

Nunca se sabe quién inventa los chistes. Sus creadores tiran el gracejo y esconden la identidad. Chistes y anonimato van de la mano como Don Quijote y Sancho, Laurel y Hardy, Jekill y Mr.Hyde, en la naturaleza humana.

Ahora sabemos que científicos de la Universidad inglesa de Wolverhampton le montaron la perseguidora a las 10 bromas más viejas de la humanidad.

Según reveló la BBC, de Londres, el chiste más antiguo se debe a los sumerios, un pueblo que habitó el sur del Irak actual.

Por favor, amárrense los cinturones para celebrar la chanza de los inventores del mamagallismo: “Algo que nunca ha ocurrido desde tiempos inmemoriales: una joven mujer tirándose un pedo sobre las rodillas de su esposo”.

La segunda broma se remonta al año 1,600 a .C. En este caso, el objetivo de la broma fue un faraón (¿Snofru?) del que no había oído hablar ni en los crucigramas.

Si le quedaron migajas de risa, celebre la segunda ocurrencia: “¿Cómo entretienes a un faraón aburrido? Haces navegar sobre el Nilo una barca cargada de mujeres vestidas sólo con redes de pesca, y le pides al faraón que vaya a atrapar un pescado”.

El chiste (¿¡) lo puede leer en el Papiro de Westcar que se encuentra en el Museo Egipcio de Berlín, donde hay otros importantes robitos culturales que los alemanes olvidaron -cuidadosamente- devolver.

Para Paul McDonald, coordinador de la investigación, “lo que tienen todos los chistes en común es la intención de romper tabúes y un cierto grado de rebeldía”.

Queda claro también que ayer como hoy, los amos el poder son el blanco favorito de los creadores de chistes. Presidente que no dé ocasión para hacerlos, es un fracaso.

Los sabuesos de Wolverhampton también encontraron la broma inglesa más remota. El apunte que marca el inicio del humor inglés se remonta al siglo X: “¿Qué cuelga del muslo de un hombre y quiere meterse en un agujero en el que a menudo se introduce? Respuesta: una llave”.

El que más me gustó de estos viejos gracejos, circuló en el siglo I antes de Cristo, quien no inventaba chistes. Los hacía: en vez de nadar, prefería caminar sobre las aguas. Algo que hacía desternillar de la risa a la banda de los doce apostóles, incluido Judas, quien era una sola carcajada, aunque Ripley no lo crea. ¿Cómo creer en un cliente que no sabe nadar?, se preguntaban entre ellos.

Según la investigación pagada por el canal de televisión Dave, el chiste en mención toca con el emperador Augusto. El César visitaba cualquier día a sus súbditos para ver cómo marchaban las cosas.

Durante el tour, el mandamás se encontró con un romano igualitico a él. Augusto se impresionó tanto con su doble que creyó que se estaba mirando al espejo (bueno, en el lago, que hacía las veces de espejo).

El César ve al súbdito y de una vez le pregunta con la delicadeza de que es incapaz un emperador: “¿Sirvió alguna vez tu madre en Palacio?”. La respuesta fue veloz como un es- tornudo “No, Su Alteza, pero mi padre sí”.