Dime de qué te enfermas y te diré qué comes

La alimentación es fundamental para mantener la salud.

Siempre que pensamos en las causas de nuestro malestar físico, anteponemos la alimentación y damos por hecho que un platillo por sí mismo es el responsable, sin embargo, poca atención ponemos en la manera en que mezclamos los ingredientes y que, de no tener cuidado, podemos convertirlos en una bomba de tiempo que afecte al organismo.

Lo mismo ocurre cuando por indicación médica o propia convicción optamos por realizar cambios a nuestra dieta con la idea de perder peso, así es fácil centrar la atención en aspectos que se reconocen a simple vista, como medir las fracciones de pizza y los líquidos que te acompañan en una tarde de fin de semana. Pero, ¿qué tal si hablamos de esos pequeños detalles como con cuánta sal condimentamos la comida o qué tipo de grasas incluyes en tu dieta?

Sólo cuando se notan algunos cambios en el cuerpo, y nada positivos por cierto, es como una llega a percibir que algo no marcha y es justamente el hecho de que eres responsable de tu nutrición lo que más inquietud te causa, pues en teoría no hay delito que perseguir.

La retención de líquidos, una mala apariencia de la piel, la dificultad para mantenerte en tu peso o perder algo de él, así como la sensación de falta de aire o dolores frecuentes de cabeza, pueden ser el resultado del consumo excesivo de los considerados cuatro enemigos de la buena nutrición: grasas, azúcares, harinas y sal.

La maestra en Ciencias María Eugenia Flores explica que cuando se consumen en las porciones adecuadas cumplen con una función específica a favor de tu salud. “Pero es frecuente que no tengamos control de cómo preparamos los alimentos y esto es un riesgo. Por ejemplo, si guisamos espagueti no nos fijamos en conjunto qué es lo que contiene ese platillo; no es lo mismo una pasta que se coció con un poco de sal y se acompaña con una salsa de jitomate, a la que se le agrega mantequilla, crema, queso y algún condimento.

En este segundo caso hay un abuso de esos ‘enemigos’, pero lo dañino no son estos elementos sino la cantidad y la combinación de ellos”, dice la doctora.

Además de sólo consumir las porciones adecuadas de grasas, azúcares, sal y harinas, que será de beneficios para ti, María Eugenia Flores sugiere:

• Vigila con atención la frecuencia con que te permites excesos alimentarios.

• Equilibra tu dieta y no dejes que los ‘enemigos’ se unan en una misma oportunidad.

• No por el hecho de evitar uno de los referidos elementos, puedes abusar con otro de ellos. No se trata de sustituir sino de cubrir tus requerimientos.

• Procura acompañar tus alimentos con condimentos naturales como el perejil, cilantro, hierbas de olor, orégano, entre otros, ya que además de brindar sabor a tus platillos, contribuyen a tu salud.

Más allá de ver la dieta como un aspecto superficial, piensa que de esto depende tu bienestar y buen estado físico, el resultado de poner atención a ello se va a ver reflejado en la forma en que luzcas: la buena alimentación impacta en la belleza.

La base de toda buena dieta consiste en conocer cómo, cuanto y por qué es benéfico consumir los alimentos, y la encargada de poner una barrera en el momento en que dejan de cumplir adecuadamente con su labor en tu organismo eres tú. Conócelos, disfrútalos y cuida de ti.

Para saber más

101 alimentos que pueden salvarte la vida

David Grotto

Editorial Urano

Colaboración de Fundación Teletón México.

“El principio de la paciencia empieza por uno mismo”.

Bojorge@teleton.org.mx