Educar para ganar títulos

A fin de cuentas se trata de la globalización del conocimiento y de cubrir eficientemente toda la cancha

El balompié futbolero nos brinda la oportunidad de ver el futuro de la educación con morbosa video-deportividad. Grandes universidades de nuestro país, con Harvard y MIT al frente, planean impartir gratuitamente (el primer año) clases a distancia para todo el planeta. La experiencia piloto está en marcha. ¿Cuál es el futuro que les espera a las instituciones educativas de limitado potencial y con profesorado de menor nivel? Un misterio. ¿Se aceptarán estos cursos pantallescos para graduarse a final de temporada? ¿Cómo se restringe y valida esta educación no convencional? Inconcreción absoluta.

Se trasluce del experimento que se pretende “hacerle el achique” al educador. El ascenso educativo del estudiante desde las categorías (o cursos) inferiores al primer equipo (o graduación) se efectuará en línea y, presumimos, acabará antes o después en instructores de bajo costo deslocalizados al otro lado de la frontera, o del océano. A fin de cuentas se trata de la globalización del conocimiento y de cubrir eficientemente toda la cancha. Es fácil de prever que el profesorado podrá dar clase incluso después de fallecido, lo que a la postre será un ahorro. No más pagos a la seguridad social: ni convocatoria de nuevas plazas.

Los directores técnicos -que no los preparadores físicos, que ya no existirán al no haber nada físico en la educación- proclaman que si se da el caso de no ser factible desplazarse regularmente para asistir a clase, ¿por qué ponerle límites a empantallarse fuera del distrito de la institución local correspondiente? Ni pensar que la lengua vehicular vaya a ser un contratiempo. Estamos bien entrenados en resolución de conflictos con los pagos de luz y teléfono (entre otros) en “paraísos distantes”: y nadie protesta. Lo que adelantamos que va a causar furor es la selección personalizada del holograma del educador: “yo lo quiero gracioso”. “Yo, que me rapee la lección”. “Yo con bikini”. “Yo sin”.

Los estudiantes podrán escoger el icono con el que sentirse mejor representados para así soslayar prejuicios negativos. Siempre es mejor forjar prejuicios positivos. Desde luego los abusos físicos en la educación se habrán eliminado de un patadón: todos serán sicológicos.

Hay que recibir el modelo que se nos avecina con los brazos abiertos. La tecnología y los materiales gratuitos (en línea) nos van a simplificar y abaratar el engorro de la educación. El juego en equipo, el roce, y buscar novia o novio, también son -se pensará- parte de la vida educativa: pero superflua distracción que no da dinero.

¿Más ventajas? Ya no habrá en el futuro fracaso escolar real, será tan digital como la formación educativa misma. Los precios de los videojuegos bajarán, aventuramos, al poderse anunciar con las asignaturas en el mismo lote. Los videojuegos podrían sustituir, ya en faena, a pesadas lecturas de extensión superior a un texto telefónico. Si uno se puede educar en un “twit”…

Siempre habrá quien diga que con ello se pita un tiro directo en contra de la comunidad educativa, y que es juego peligroso. Es en verdad una entrada muy dura, y no a la pelota de la educación sino al jugador.

Hemos llegado a un punto en el que ya no distinguimos si hay que saber más o menos; o algo o nada de nada. Curiosa paradoja para quien pierde el tiempo con lo inevitable pero ineludible. Una cosa es analizar el video del partido anterior y otra muy diferente jugar a querer ver el de la fecha que viene. Clic.