Los 12 millones de empleos

Aunque esto constituye una buena retórica para la campaña de Romney, la realidad es que podría ser algo más confuso

Una de las tendencias autodestructivas de la política de Estados Unidos es el entusiasmo de ambos partidos en hacer demasiadas promesas. Los candidatos hacen promesas que son difíciles, a veces imposibles, de cumplir. Cuando no se respetan, los norteamericanos, desilusionados, se pasan al otro partido, que lanza sus propias agradables y exageradas promesas. Es un ciclo que nunca deja de corroer la confianza de la población.

Tomemos, por ejemplo, la promesa de Mitt Romney de crear 12 millones de puestos de trabajo en su primer período.

Es una cifra alzada. Suena bien. Atrae la atención de la gente. ¿Pero es realista? Quizás sí – y quizás no.

Tal vez los 12 millones de puestos de trabajo se materialicen independientemente de quién gane, como Glenn Kessler, eficaz verificador de datos del Washington Post, sugiere. Algunos expertos económicos vaticinan ese resultado. Por ejemplo, Moody’s Analytics calcula que los empleos de la nómina crecerán de un promedio de 133.2 millones, en 2012, a 145 millones, en 2016. Ese pronóstico supone que no habrá una recesión y que la recuperación será más firme. Para 2014 y 2015, el crecimiento económico anual mejorará a un 4%, de un 2% actual.

Los presidentes, señala Kessler, a menudo son “los beneficiarios… de amplias tendencias económicas… La promesa de Romney parece ser un esfuerzo para aprovechar ese hecho”.

Pero los 12 millones de puestos de trabajo también podrían ser una exageración.

Otros pronósticos son menos optimistas. Aunque no prevén una recesión inminente, esperan que el crecimiento económico promedie solo un 3.25%en 2014 y 2015.

Hagamos números.

Para cumplir con el objetivo de los 12 millones de puestos de trabajo, la economía tendría que generar tres millones de puestos al año, o 250 mil al mes. Los asesores económicos de Romney sostienen que es un objetivo que puede lograrse y que es hasta modesto.

“Si tuviéramos una recuperación que fuera sólo el promedio de las recuperaciones de profundas recesiones pasadas, como las de 1974-75 ó 1981-82, la economía crearía entre unos 200 mil y 300 mil puestos al mes”, escriben cuatro asesores de Romney en un reciente estudio. (Esos cuatro son: Glenn Hubbard, de Columbia University; Gregory Mankiw, de Harvard University; John Taylor de Stanford University y Kevin Hassett del American Enterprise Institute.)

Es cierto -y posiblemente sea irrelevante. Muchas recuperaciones de profundas depresiones han tenido crecimientos económicos rápidos; la economía se reactivó velozmente después de los años 70 y principios de los 80. (En 1982, la tasa de desempleo mensual alcanzó un récord posterior a la Segunda Guerra Mundial de 10.8%) El problema es que no estamos ni en la década del 70 ni del 80. Las empresas parecen ahora más reacias a contratar que en décadas pasadas.

La causa no está totalmente clara. Quizás las firmas, concentradas en mantener sus ganancias, no desean asumir costos agregados hasta estar convencidas de que la recuperación esté bien establecida. También es cierto que por muchos motivos -entre ellos una sociedad que envejece, la resaca de la Gran Recesión y la incertidumbre de las políticas gubernamentales- la tasa de crecimiento económico subyacente se ha ralentizado. Por lo tanto, hay menos necesidad de más trabajadores.

Cualquiera sea la causa, las cautas prácticas de contratación sugieren que llegar a tres millones de puestos al año no es pan comido. Desde 1990, el crecimiento laboral anual equivalió o excedió el blanco de tres millones sólo en cinco años -todos durante el auge de los 90 (1994, 1995 y 1997 hasta 1999).

Romney sostiene que estas políticas económicas, al restaurar la confianza, incitarán a los consumidores a gastar más. Una economía más fuerte requerirá contratación de más personal.

Aunque esto constituye una buena retórica para la campaña, la realidad es que podría ser algo más confuso. Entre las políticas propuestas por Romney encontramos una reducción del 20% de las tasas de los impuestos a los ingresos personales; el recorte de la tasa máxima corporativa al 25%; el reemplazo de los ingresos perdidos mediante la ampliación de la base fiscal (eliminación o reducción de las exenciones fiscales); y la disminución del gasto público de un 23% de la economía (producto bruto interno) en 2012 a un 20%.

Pero los detalles de todas estas propuestas son confusos -¿qué exenciones fiscales y programas se recortarán?- y los críticos demócratas disputan la afirmación de Romney de que automáticamente elevarán el crecimiento económico. Legislar los cambios podría llevar mucho tiempo y ser controvertido.

Como mucho, la promesa de los 12 millones de puestos de trabajo parece una proposición dudosa. ¿No sería refrescante si, por una vez, los líderes políticos de Estados Unidos hubieran subestimado su propuesta? Quizás Romney debería haber prometido 8 millones de puestos de trabajo o 10 millones – o quizás no debería haber prometido nada. Bueno, ¡eso sí que es una fantasía!