Atrévete a viajar sola

Un pintoresco pueblito de México te ofrece la oportunidad de encontrarte a ti misma

Guía de Regalos

Desde el momento en que llegas a Cuetzalan , sientes que estás en un lugar fuera de lo común. Cuetzalan es un pueblo mágico mexicano enclavado en la sierra norte del estado de Puebla, rodeado de exuberante vegetación y cafetales, con calles empedradas, empinadas, y luego otras en declive; con edificios de arquitectura definitivamente europea. Tiene mayoritariamente una población indígena activa, comerciante, religiosa, digna, y fiestera. Cualquiera diría que los santos son usados como pretexto para danzar y celebrar. Es como otra nación aún en suelo mexicano.

¡Pero cómo te vas a ir sola a Cuetzalan , es muy peligroso! –me dijeron más de uno, tanto mis familiares en México, como mis amistades en California. ¡Qué no ves que están matando en México! En las calles y en los autobuses te secuestran y te violan, y luego te matan.

Alguien más me dijo que la carretera a Cuetzalan se derrumba cuando llueve, dejándote incomunicada por días, y como estamos en época de lluvia…

Y luego otra persona me miró fijamente a los ojos, entrecerrándolos, y dijo: Quien te vea sola pensará que andas buscando hombre; aquí no es como en Estados Unidos.

Haciendo caso omiso, tomé un autobús directo en la estación CAPU de la ciudad de Puebla, y en 3 horas llegué al pintoresco pueblo, olvidándome de todo, respirando el aire fresco, y dispuesta a conocer un lugar nuevo, y una cultura diferente.

Fundada en el 200 antes de cristo como parte del imperio Totonaca y conquistada por los españoles en 1522, Cuetzalan actualmente es la capital de Cuetzalan del Progreso, que incluye comunidades aledañas cuya población habla más Náhuatl que español, cuyos hombres de mirada tierna visten con calzoncillo y pantalones de manta, y un morral de ixtle/mecate. Ellos caminan presurosos sólo deteniéndose cuando saludan a algún conocido.

En Cuetzalan , la gente parece vivir en torno a las tradiciones religiosas y populares: banda casi todos los días para honrar a este santo y al otro, fiesta de esto y de aquello; arraigados a lo que los españoles contaron como verdades absolutas, durante la conquista. Rodeados de aire puro, neblina diaria, cascadas, cafetales, maíz, mezcal, vinito de fruta de temporada, y el sonido y vuelo de las aves.

Cuenta con un clima subtropical húmedo, con lluvia la mayor parte del año, pero para mí, las cuatro estaciones del año se viven en un día. Amaneces con la primavera bajo el cantar de los pajaritos y otras aves; a media mañana llega el calor y la humedad; a media tarde la lluvia -los truenos no anuncian su llegada y se asoman alborotados, como persiguiendo a la gente. ¡En un santiamén la plaza y las calles quedan vacías¡. Para de llover, sale la gente, y con una lentitud casi calculada, la neblina envuelve al pueblo. La neblina se queda hasta en la noche, y a veces la lluvia regresa. Sentada en el portal de uno de los restaurantes frente la plaza, tomando café, sientes que realmente estás en un lugar mágico. El mesero me dice que pruebe uno de los vinos locales, el de zarzamora con “piquete.” Son bebidas hechas con fruta de temporada, endulzadas y alcoholizadas, que caen muy bien. Con mi taza de café y mi copita de vino, admirando el increíble panorama y sintiendo el ambiente casi fresco y casi frío, ¿Quién necesita compañía?. Algunos juran que sólo eres feliz si en ese momentos estás con otros.

En mi experiencia, mi conexión con la neblina y el paisaje fue tan real que ni me sentí sola, ni sentí la necesidad de hablar con nadie, ni de compartir ese momento. Me concentré en saborear el café y el vinito dulce, y con eso me llené de amor. Lee más en: ElMensajero.com

A las once de la noche regresé a mi cuarto de hotel, nadie me persiguió, ni me sentí con miedo. Los hombres en Cuetzalan , tanto el indígena como el mestizo, muestran respeto hacia la mujer, especialmente cuando saben que vienes de fuera.

La gente

La vida del pueblo empieza temprano, y la inician los que viven en los alrededores: algunos llegan para vender sus productos, otros para sus pendientes. Las mujeres, vestidas en trajes bordados a mano, con collares y otros simbolismos que en algunos casos determinan estatus y clase, caminan cargando sus cosas, y algunas con un hijo o hija de la mano. Ellas venden aretes, collares, rebosos, blusas bordadas, y objetos de madera.

Mientras las familias que viven en Cuetzalan trabajan en hoteles, restaurantes, oficinas y tiendas, los indígenas de los alrededores viven del comercio. Los niños se ven felices, confiados, dejando fluir la vida.

Adónde ir y qué hacer

Hay mucho que visitar: las ruinas, las cascadas, el museo y las iglesias, solo por mencionar algunos sitios de interés. Además no debe faltar el comer los típicos Tlayoyos, molotes, tostadas, empanadas y garnacha, o simplemente encontrar comida cotidiana mexicana. El Departamento de Turismo local y los guías de turistas hacen una muy buena labor informando al visitante.

Sin embargo, al viajar sola, no hay mejor compañía que la de la gente que pasa a tu alrededor, ni mejor actividad que la de observar mucho más el lugar: sus detalles, respirar su aire, envolverse en su ambiente. En algunos casos la plática ocasional te deja mucho que meditar, sea con la persona sentada al lado, o la vendedora de elotes, o el mesero, o la mujer que vende artesanías. A mí me ganaron el corazón Sofía una niña de 4 años con una inteligencia emocional asombrosa, y su mamá Cecilia, una mujer muy dulce. Conocerlas me permitió reafirmar una vez más, lo valerosas que son las mujeres.

Dos días podrían no ser suficientes para conocer este pueblo mágico. Sin embargo, es un buen escape para quienes se atreven o disfrutan un viaje a solas. Con un poco de suerte, les tocará presenciar a los voladores de Cuetzalan (no los de Papantla, aclarando). Mucho más allá de realizar la actividad extrema de subir a un palo alto y aventarse, los voladores ven esta costumbre como un ritual, un regalo a Dios, su propio avance espiritual, y todo un reto para los que son entrenados desde niños.

En mi caso, estuve varios días, y quiero volver. Las fiestas son el 4 de Octubre. En ningún momento durante mi estancia me dio por pensar ni en mi seguridad personal ni en la de otros. Cuando ya me iba, haciendo fila para abordar, me di cuenta que la pequeña Sofía y su mamá Cecilia habían venido a despedirme. Hermosas, confiadas, muy tiernas. Así me resulta Cuetzalan, un paraíso de ternura, al que se puede viajar sola.

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