Inmigrantes en Charlotte respaldan a Obama

Guía de Regalos

Inmigrantes en Charlotte respaldan a Obama
Hispanos realizan compras en un puesto localizado en la Avenida Central de Charlotte, Carolina del Norte.
Foto: Valeria Fernández / La Opinión

CHARLOTTE, Carolina del Norte – Lejos de la venta de camisetas con la imagen del presidente Barack Obama, las protestas de los indignados y las largas filas de seguridad de la Convención Nacional Demócrata (DNC), la ciudad de Charlotte es testigo de otra historia.

Se trata de la Avenida Central, un corredor de negocios hispano, donde han dejado la huella de un cambio demográfico importante para esa ciudad que ha visto duplicarse a ese porcentaje de la población entre el 2000 y el 2010.

“De unos 10 años para acá, la llegada de hispanos rompió el récord”, dice Santiago Sánchez, un inmigrante indocumentado de México que lleva 19 años viviendo en esa ciudad. “En aquellos años era raro encontrar un hispano, taquerías había solo dos”, recuerda.

Los latinos en Charlotte ya son un 13 por ciento de la población o más de 90 mil habitantes, en una ciudad que tiene más de 700,000 y donde entre las minorías se cuenta a los afroamericanos y otros grupos, que ya sobrepasan a los anglosajones.”No nos toman en cuenta porque estamos lejos de la frontera, pero aquí hay mucho latino”, dice Sánchez, mientras se encarga de tirar la basura en el supermercado donde trabaja.

El inmigrante oriundo de León, Guanajuato, tiene una orden de deportación para salir del país en octubre después de que lo detuvieron por una infracción de tránsito. Ha seguido de cerca los discursos del DNC y tiene esperanza de que el presidente Obama cambie las cosas, sino para él por lo menos para su familia aunque ha sido el presidente que ha deportado más personas en la historia del país. “A mí Obama se me hace buen presidente, es que así le dejaron el país los otros”, dice Suárez a sus 46 años. “Ellos dejaron el país quebrado y ahora le quieren echar la culpa”.

Alejandro Pérez Guzmán, otro inmigrante mexicano está de acuerdo con Sánchez, pero él a diferencia podrá votar en estas elecciones por primera vez.”Esto ha sido una fiesta democrática”, dice Guzmán, de 42 años. “Yo le voy a Obama”.

Guzmán también ha visto los cambios en Charlotte y ha participado de ellos como ingeniero en carpintería que ha trabajado en la construcción de muchos de los rascacielos en el centro de la ciudad. El mexicano recuerda que muchos de sus compañeros de trabajo no tenían documentos legales.”Los hispanos han construido está ciudad”, comentaJosé Rosales, es uno de esos inmigrantes indocumentados que llegó a Charlotte con la esperanza de trabajar en la construcción.

Pero en los últimos dos años las cosas se han dificultado con la falta de empleo. “Me he puesto a vender paletas porque hay que pagar los ‘biles’ (facturas)”, comenta el inmigrante. “Los latinos nos buscamos la vida para salir adelante”.

Rosales, de 56 años, levanta uno de los periódicos en español en un centro comercial mirando la foto de la convención demócrata. “Promesas, no más que promesas nos han dado los políticos”, alega.

Leticia Cocinero, una guatemalteca, que todavía no puede votar pero tiene esperanzas en Obama. “Lo que pasa es que a veces por la culpa de los que hacen algo mal pagamos todos”, se queja Cocinero de 41 años . “Sabemos que es el presidente el que puede hacer muchas cosas, pero sólo no puede, Dios esté de de su lado y que haga algo”.