Memorias de los niños de la guerra

Libro recopila ensayos de escritores salvadoreños y mexicanos que crecieron en áreas de conflicto.

DENVER, Colorado.- Un nuevo libro se enfoca en cómo los niños viven la guerra, tema que explora mediante 17 ensayos de escritores que crecieron en zonas de conflicto, incluyendo El Salvador y Ciudad Juárez.

Editado y prologado por J.L. Powers, That Mad Game- Growing Up in a War Zone, esta antología recoge la experiencia de autores cuyas vidas quedaron marcadas para siempre por crecer en zonas bélicas.

Desde Afganistán hasta Juárez, las historias cuentan la experiencia traumática de la guerra para los niños y jóvenes que las vivieron y el dolor de la pérdida que para muchos de ellos todavía perdura.

“Algo que a menudo olvidamos al hablar de la guerra es cómo afecta no solo la realidad en su momento, pero también la realidad desde entonces”, escribe Powers.

Powers decidió enfocar la colección en el recuerdo de esos niños, ya que en toda circunstancia resultan los más vulnerables, “sobre todo en la guerra”.

Un elemento constante en estas historias de zonas y conflictos tan diversos es la pérdida del hogar y el eventual exilio.

Al recoger estas memorias, Powers espera que la perspectiva de la niñez ofrezca también la posibilidad de sanar las heridas de la guerra.

René Colato Laínez, escritor salvadoreño radicado en EEUU, recuerda el momento preciso en que el conflicto armado llegó a su hogar.

“Cuando tenía nueve años, el agua dejó de correr en la casa y nos cortaron la electricidad”, escribe.

El silencio de la noche se llenó de disparos y el niño comenzó a refugiarse, noche tras noche, bajo la cama al lado de sus padres.

Aunque Colato sabía que el conflicto acechaba al país, no fue hasta que se llevaron a su padre a la cárcel y la muerte comenzó a rondarle de cerca que tomó conciencia de lo que acontecía.

Junto a su madre y abuela, el niño acudió al Monseñor Oscar A. Romero, cuya fama como defensor de los pobres y víctimas de la guerra albergaba la única esperanza para la familia.

Romero los escuchó con atención y a los pocos días les trajo noticias que habían llevado al padre a la cárcel de Mariona.

Monseñor organizó una misa y llevó al pequeño René y a su madre como ayudantes.

A lo lejos, Colato recuerda haber visto a su padre flaco y rapado y cómo de repente se le llenaron los ojos de lágrimas.

El relato continúa con el eventual exilio de su madre y cómo, en la violencia que se desata durante el funeral de Romero, el niño se pierde entre la multitud y teme haber perdido a su abuela para siempre.

Colato, quien se ha destacado como escritor de cuentos para niños, se remonta al momento de los hechos, adoptando el lenguaje y la perspectiva de un niño que no logra comprender la violencia que le rodea y separa de sus seres queridos.

En otro de los ensayos, Fito Avitia, maestro de inglés en Juárez, ha visto a su ciudad consumirse ante la violencia durante los últimos 20 años.

En los años noventa, los asesinatos de cientos de mujeres trabajadoras de empresas maquiladoras empañaron el nombre de la ciudad.

Hoy día el crimen relacionado al narcotráfico, según Powers, le ha ganado a la ciudad el título de “capital mundial del crimen”, ocasionando que unos 30,000 juarenses hayan buscado refugio al otro lado de la frontera.

Aunque la violencia ha tocado a Avitia y a su familia de cerca, este padre de dos hijas pequeñas resiste la tentación del exilio.

Mediante la fe y el amor por su ciudad, Avitia y su esposa han aprendido a cambiar el lente con que observan a su alrededor.

En los últimos años han presenciado en su comunidad un cambio de miedo a esperanza que ha motivado a muchos a trabajar por la transformación social, artística y espiritual de la ciudad.

“Algunas personas consideran a nuestra ciudad una de las peores del mundo”, escribe, que señaló que para ellos “eso significa que es el mejor lugar en el mundo para la transformación”.