Negociación en Colombia

Desde hace mucho tiempo que los colombianos merecen la paz. Aunque para dar fin a una guerra fratricida de más de 40 años es necesario que todos los sectores de la sociedad colombiana deseen hacerlo.

La intención del presidente Juan Manuel Santos de negociar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) no es nueva dentro del largo conflicto. Las experiencias anteriores similares mostraron la fuerza para sabotear el proceso que han tenido los opositores a una paz negociada dentro de la guerrilla de las Fuerzas Armadas y algunos sectores políticos cercanos al expresidente Uribe. Una guerra como esta ha dejado grandes heridas que son difíciles de cicatrizar y cuentas que se quieren saldar a toda costa.

Santos no quiere repetir errores del pasado por lo cual no hay tregua con las FARC, ni territorios protegidos, sino que está negociando desde una posición de fuerza.

La guerrilla, por su parte, ha perdido en los últimos años sus líderes más duros en operativos militares, creando así un espacio político interno abierto a la negociación. No obstante, ellos tienen presente cómo fueron exterminados sus representantes cuando décadas atrás quisieron incorporarse al procesos político a través de la Unión Patriótica.

Los cinco puntos de la negociación son claros. La definición de una “política de desarrollo agrario integral” es vaga, pero la solución al tema de las drogas, la reintegración civil y la formación de la oposición política son aspectos claves en una resolución pacífica.

Nos preocupa que las FARC, ya desde el comienzo, ponga obstáculos como el haber incluido entre sus negociadores a Simón Trinidad, quién está purgando una condena de 60 años en prisión en Estados Unidos. Esta es una mala señal.

Esperamos que la próxima reunión entre Gobierno y guerrilla, a realizase en Noruega el próximo octubre, sea el inicio de un camino para la paz, aunque este sea arduo y largo.