Un choque de valores

Un choque de valores

Las protestas y el ataque contra las embajadas estadounidenses en Egipto y Libia son el resultado del choque de valores en la era de la globalización alimentada por el odio. Al mismo tiempo, este hecho reveló lo triste del oportunismo político.

Los acontecimientos de nuevo mostraron el dilema que presenta la libertad de expresión de las sociedades occidentales, representada por Estados Unidos, con los conceptos religiosos que consideran sagrada la imagen de Mohamed y el libro del Corán. No obstante, lo ocurrido el martes, especialmente en Libia, merecen una condena a todas voces.

Hace unos años lo que ocurría en un rincón del mundo era desconocido para el resto, hoy la tecnología da al provocador un escenario mundial para expresar su odio. De ahí el trágico fenómeno de los últimos tiempos que haya gente que muera y mate durante protestas en países islámicos porque alguien escribió o destruyó un libro.

En esta ocasión una película burda que describe la vida de Mohamed insultándolo a él y su religión desencadenó los incidentes en dos naciones políticamente vulnerables, que recién se han deshecho de largas dictaduras.

En Libia, la falta de control sobre grupos armados que ayudaron a derrocar a Gadaffi, permitió que se aprovechara el descontento para que extremistas lanzaran un ataque mortífero que mató a diplomáticos estadounidenses. La condena del gobierno libio fue inmediata, y la captura de los agresores es una prueba para el gobierno de Mohammed Magarief .

En Egipto, por su parte, el presidente Mohammad Mursi, debe garantizar la seguridad general y no permitir que predominen los sectores más radicales en el gobierno de la Hermandad Musulmana.

Dejando atrás el Medio Oriente y ya en nuestro país, es realmente triste que la campaña de Mitt Romney haya querido sacar provecho político de estos acontecimientos para avanzar su proselitismo. El apuro los hizo dejar de lado el compromiso de no hacer política por respeto al 9/11, publicando una declaración de Romney que critica a la Casa Blanca antes de que se supieran más detalles de lo ocurrido.

El comentario fue prematuro, poco informado, para nada presidencial y demasiado oportunista ante el asesinato de funcionarios estadounidenses en el extranjero.

Creemos que hubiera sido mejor para las oportunidades de Romney hacer una comentario más reflexivo que repetir el discurso de candidato porque es muy probable que estas situaciones se repitan. La libertad de expresión no debe callarse y también es difícil que cambien las creencias religiosas.

Por eso necesario la paciencia y la firmeza para buscar una meta de tolerancia en estos conflictos. Esto se logra con el ritmo de diplomacia y paciencia y no a las prisas de una campaña electoral.