Reflexión del independiente

Como ambos partidos necesitan nuestros votos pregunto: ¿Qué nos ofrecen? ¿Más de lo mismo?

Don Sergio Ruiz, que vive en Carmel (¡Que envidia!), me dice: “Profesor, le conocí hace muchas años, cuando dio una conferencia en San Francisco. Ahora leo su columna y usted no parece ser la misma persona. Creo es importante que defina su posición política; estamos en época de hacerlo y como usted habla ‘derecho’ díganos dónde y con quién está”.

Don Sergio: He dicho en repetidas ocasiones que soy “independiente”. No he sido nunca miembro del Partido Republicano ni del Demócrata. Hay varias razones para ello. La primera es que soy demasiado liberal para ser Republicano y demasiado conservador para ser Demócrata.

La segunda es que, además me gusta ser libre y siento que ser miembro de un partido obliga a creer y defender, dentro de los rígidos marcos partidistas, ideologías con las que comulgo solo en ciertos casos.

Pensar libremente, hablar libremente, y libremente también decidir por quién o qué votar es un privilegio que no tengo por que supeditar a ningún partido.

Usted, don Sergio, me dice que no soy el mismo de años atrás.

Que bueno que sea así. Tendría una vejez trágica de pensar como hace 25 años. Estoy seguro que ni usted ni ninguno de mis lectores piensan igual a como lo hacían años atrás.

Esa capacidad de cambiar del ser humano le ha permitido, al paso de los siglos, a adaptarse a circunstancias nuevas, como nos fuerza hoy a incorporar a nuestras vidas los increíbles avances de la electrónica.

Claro, no hablo de los que dan bandazos ni de los acomodaticios políticos que abundan.

Una de las libertades que más disfruto es la de la palabra. He vivido en países en que esta no existía y quedaba solo la de pensar, que nadie puede suprimir, pero que es individual.

Es basado en esa libertad que escribo esta columna. Sé que a veces molesta lo que digo, porque no coincide con la libertad de expresión que otros creen es solo suya, siendo de todos y de cada uno.

Basado en esa libertad voy a expresar algunas opiniones para contestarle, don Sergio.

Me parece que Estados Unidos, el país promotor de la democracia en el mundo, está perdiendo la suya.

La dolarización de los procesos electorales permite en el país, amo de la mercadotecnia, tratar las elecciones como un producto en barata y a base de una propaganda, casi nunca veraz del todo. Es querer llevar a los compradores a adquirir, en las urnas, el producto que les están vendiendo; aclarando que generalmente no es tan bueno ni tan malo como afirman… Pero si las contribuciones los hacen triunfar algunos beneficios les compensarán.

Esto no quiere decir que no haya ideólogos que promuevan posiciones que pueden ser morales o no, socialmente favorables o no, pero “siempre” es más fuerte la voz de los dólares que la suya. Cuando menos por algún tiempo.

Esto no quiere decir que esté en contra de los ricos; admiro a todos esos que por su esfuerzo o creatividad han acumulado recursos. Estoy en contra de esos millonarios que han seguido caminos tortuosos para hacer fortuna.

Absurdamente se piensa que aquí todos pueden llegar a ser ricos. La verdad es que es un porcentaje muy pequeño el que lo logra. Este país es en el primer mundo el que más pobres tiene, pero tenía la clase media más pujante de todos. Formar parte de esa clase era “el sueño americano” que se derrumbó con la crisis hipotecaria.

Ahora hay muchos que ganan millones, y millones que a duras penas ganan lo suficiente para vivir y otros más que se han quedado atrás.

Me es difícil aceptar la tesis de algunos de que las oportunidades ahí están, que quienes se quedan en el camino es su culpa, por no aprovecharlas.

He venido sosteniendo un absurdo. He dicho que todos deberían haber sido pobres alguna vez, tanto para que sean cuidadosos cuando dejan de serlo, como para que no olviden lo dramático que es no tener un pan que llevarse a la boca pese al esfuerzo que se haga para lograrlo.

Yo he sido pobre y me solidarizo con los necesitados… Pienso que los problemas sociales son de todos y que hay una responsabilidad social y política, no en resolver sus problemas sino en ayudarles a que ellos los puedan resolver.

Claro que los exitosos no tienen la culpa de la pobreza de otros excepto en situaciones monopólicas.

Estoy en contra de los sembradores de odio de ambos partidos y lamento que en las elecciones presidenciales de este país, después de un complicado proceso, nos dejen tres opciones: votar por uno de esos dos o no votar.

Y fue inusitado que lo mejor en las convenciones de los partidos haya sudo el discurso del expresidente demócrata Clinton, el odiado eterno por los republicanos, pero sin duda alguna el mejor politico americano del momento.

Los independientes son una tercera parte de la población. Yo soy uno de ellos y además soy miembro de una minoría. Y como ambos partidos necesitan nuestros votos pregunto: ¿Qué nos ofrecen? ¿Más de lo mismo?

Resumiendo: No soy enemigo de ningún partido, pero ninguno me satisface del todo. Votaré en noviembre por quien yo crea acepte que los latinos somos un segmento importante de esta sociedad y esté dispuesto a reglamentar la migración que provenga de nuestro continente.