Fans en su propia batalla

Fans en  su propia  batalla
Carlos González apoya a JC Chávez Jr.
Foto: JAIRO GIRALDO / La Opinión

LAS VEGAS.- ¡Quién dijo miedo! Parecía ser el grito de batalla retenido en las parcialidades de Julio César Chávez Jr. y Sergio “Maravilla” Martinez.

Fue notorio desde la fase promocional del combate. Fue evidente en la ceremonia de pesaje del viernes en Encore Casino y fue latente ayer en los pasillos del Thomas & Mack Center.

Argentinos y mexicanos se miraban con ganas.

Algo querían decirse a la cara pero lo tiraban al aire en las oleadas de adjetivos ruidosos, entre los cánticos que llenaban los escenarios.

“Oleee, oleee, ole, oliiii, ya no te salva ni el Chapulín”, cantaban los argentinos con un tonito burlezco, que les quedaba fantástico.

Y al otro lado de la acera contestaban: “No llores por mí Argentinaaaa”.

“¿Miedo? No señor. Si para malevos nosotros. Que a puro tango contamos historias amor, dolor, valor y muerte”.

– Pasa un argentino vestido con la albiceleste, una bandera que los mexicanos recuerdan mal cuando se habla de mundiales de futbol.

“Ya está”, dice Claudio Palazzo, “este pibe no pasa de cinco asaltos con ‘Maravicha’”. Él lo pronuncia así, con “ch”.

“Que nunca peleó con nadie importante, mirá el récord que tiene, es una vergüenza que diga que es campeón”, concluye.

¡Órale!

Y estos escogen pasar de machos en el día de las fiestas patrias mexicanas.

¡No señor! Los machos que brindan y rugen el 15 de septiembre son los de otra tierra.

Machos de aquí y de allá.

Machos a puro corrido sinaloense, que para este día parece haber un juramento de “morir matando” para apoyar a un hijo de la tierra culichi como Julito y no porque sea Julito, sino porque es el hijo del mero mero Julio César Chávez… la leyenda, dicen.

Un macho de verdad.

“Chávez, Chávez…” grita un grupo que lleva la bincha legendaria de JC.

En el marco escénico de la puerta de acceso ya avanzada la tarde y cuando los 100 grados de calor inclemente dan un respiro, las fuerzas están parejas, pero Miguel Gonzalez, que viene desde Los Mochis, no afloja un centímetro.

“Están confiados los argentinos, pero les quiero recordar que un mexicano, Antonio Margarito, mandó a dormir a “Maravilla” Martínez; y lo volveremos a ver, que va apelear con un mexicano. No es un ruso o un irlandés: es un mexicano. Ahí nos vemos”, grita Miguel, quien deja su grito de guerra en medio de vivas y aplausos de sus coterráneos.

Los “speakers” desde las grandes “trocas” llenan de corridos un ambiente enrarecido por el choque de dos etnias que pocas veces miden fuerzas en el boxeo.

Los altavoces alimentan la emoción y la música embriaga los sentidos.

¿Chávez o “Maravilla”?

“‘Ta cañón”, dice un mexicano de Los Ángeles, infaltable en estas batallas, que sabe que la noche puede ser muy larga.

Miradas de malevos, amenazas y gritos de batalla.

El Thomas & Mack Center, en su arena principal, ya tiene tres cuartos de entrada y se espera que cerca de las 7:00 p.m.esté a reventar, para saber quién es quién.

Claudio, vestido con su albiceleste y Miguel con la verde del Tri se gritan cosas a sólo tres metros. Se fulminan con las miradas. Hay tensión.

Nervios.

Muchos nervios, pero la sangre no llega al río, porque los sentidos ganan la guerra a las emociones.

Ambos recuerdan por qué están allí.

Sí, para disfrutar y gozar a rabiar una fiesta del deporte.

Se abrazan y se despiden confiados.

¿Quién dijo miedo?