Respetar límites forja el carácter de tus hijos

Los límites son un concepto fundamental para nuestros hijos. Enseñarles a respetar límites es un acto de amor que forjará su carácter.
Respetar límites forja el carácter de tus hijos
Que los hijos aprendan a respetar los límites es una enseñanza para toda la vida.
Foto: Thinkstock

La escena puede ser recurrente: un día cualquiera, sin estar en un lugar en específico, eres sorprendido por un grito infantil seguido por un performance que proyecta a un niño instalado en el berrinche, frente a una madre atribulada que no sabe cómo actuar ante el comportamiento de su hijo, y que rápidamente accede a cumplir su deseo, cualquiera que haya sido, con tal de dejar de ser el centro de atención y no ser juzgada por el resto de los adultos.

Y ante tal espectáculo repetimos el trillado pero verdadero diagnóstico de: “ese niño lo que necesita son límites”.

Para los padres, muchas veces es un problema poner este principio de verdad en práctica, ya que entre el hecho de sentirse presionados, encuentran muy sencillo salir del paso brindándole a su pequeño todo lo que desea, sin medir el riesgo que esto representa.

La doctora Rosario Busquets, autora del libro “Si lo amas ¡edúcalo!”, Editorial Urano, explica que es necesario guiar a los chicos para que aprendan a seguir las reglas que se practican dentro del hogar: “Los niños las aprenden de dos formas, una es a través de las reglas que están establecidas y la otra por medio de aquéllas que van descubriendo cuando actúan equivocadamente por copiar algo que vieron en un lugar distinto a su hogar como puede ser la casa de un amiguito, de los primos o en la escuela”.

Y sin importar cuál haya sido su centro de aprendizaje no se puede postergar el hecho de indicarle su error y hacerle ver que todo acto, bueno o malo tiene consecuencias que tendrá que enfrentar.

Siempre hay que hablar con los niños, explicarles de una manera muy sencilla y clara las razones por las que no es conveniente determinado comportamiento.

No hace falta hacerse de diálogos extensos, simplemente es necesario explicarles una razón, por ejemplo: Gael, de 3 años llora hasta privarse cada vez que su papá le indica que tiene que recoger sus juguetes y prepararse para ir a dormir, sin que haya nada ni nadie que logre tranquilizarlo.

“A mí me pone tenso su actitud y con tal de que se calle lo dejo que siga jugando, cuando le da sueño se duerme solo y es una manera de mantener todo bajo control”, comparte Juan Carlos, padre del niño.

Para algunas personas, “darle por su lado” a los pequeños es en apariencia una solución, como ocurre en el caso del pequeño Gael; sin embargo, como explica la doctora Rosario Busquets, esto trae serias consecuencias para el niño, los padres, la familia y cualquier otra persona con la que interactúe.

“En corto plazo es que tendremos a un niño demandante que todo el tiempo pedirá algo distinto, sin que tenga un límite. Cada vez que un niño recibe un sí a todo lo que desea, ya sabe qué es lo siguiente que va a pedir en cuanto se le agote el placer de su primera petición, por eso se vuelven insaciables.

“Ésta es la principal barrera que enfrentan los tutores en lo que se refiere a poner límites a los niños, piensan que es malo no darles acceso a todo el placer, pero no se trata de negárselos sino de dosificarlo, recordemos que el ser humano siempre va a buscar lo placentero y en concreto los pequeños cuando no lo obtienen, lloran para logran su cometido”, explica la autora.

Y las consecuencias no se detienen con un solo berrinche o con ese placer insaciable, sino que a largo plazo, muy probablemente cuando crezcan tendrán que recurrir a actos más extremos para alcanzar un supuesto bienestar, por eso es frecuente, dice la especialista, que corran el riesgo de desarrollar adicciones de distintos tipos.

Además encuentran dificultad para realizar actividades que les suponen un esfuerzo, no son capaces de mantener puesta su atención en un solo punto, ya que desean jugar, comer o hacer lo que quieren.

Aprender a tomarle el pulso a las necesidades de los pequeños, no es una tarea del otro mundo, se trata de observarlos, conocerlos y establecer reglas que puedan seguir a partir de la comprensión.

Es común pensar que debido a su corta edad, los chicos no serán capaces de reflexionar sobre lo que es bueno o malo para ellos y que por esta razón hay que imponerles la obediencia, no obstante, esto no representa una buena opción ya que se les niega la oportunidad de desarrollar el pensamiento.

Cada vez que el chico trate de imponer su voluntad es necesario colocarse a su altura, de tal manera que sea posible mirarle a los ojos para hablarle y explicarle las razones por las que no es adecuado que realice tal acción o bien que conozca las reglas bajo las cuales podrá actuar, y muy pronto el chico lo asumirá incluso de buena gana.

El amor y la paciencia es el mejor consejero cuando de educar a los hijos se trata. Más allá del castigo o de la imposición de comportamientos, es mejor apostar por enseñarles a experimentar la responsabilidad, ya que ésta es la manera más directa de aprender a ser libres.

Colaboración de Fundación Teletón México.

“El principio de la paciencia empieza por uno mismo”.

bojorge@teleton.org.mx